Roma, Roma, dulce Roma

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De acuerdo, puede que sea un poco tarde para hacer una crónica de mi viaje a Roma, pero mejor hacerla cuando ha pasado un tiempo porqué ya no se tiene una perspectiva tan efusiva del lugar.

Hace unos cuantos años que tenía ganas de ir a Roma y este verano se presentó la oportunidad. Cuando llegamos nos azotaron los 45 grados centígrados de temperatura,  número demasiado alto para el mes de julio. Entre el sofoco y que nos perdimos al buscar el hotel tuve una mañana completa. Pero, pese al abrasador sol que caía encima de los hombros estaba la mar de feliz. ¿Por qué? Pues sencillo: por la tarde podría visitar el Panteón de Agripa uno de los monumentos de los que estoy enamorada desde que hice Historia del Arte en la ESO.

Pero vayamos al grano. A parte de los extraordinarios monumentos que la ciudad alberga, Roma es una ciudad un tanto caótica, sobre todo por los autobuses, que resultan agobiantes. ¿Por qué? Pues bien, la capital de Italia no tiene establecido que los autobuses transporten un número máximo de personas: transportan todas las que quepan. En invierno no me quejaría de la situación porqué se va hasta calentito, pero en verano es horroroso, sobre todo si se tiene en cuenta que la gente va sudada, pringosa y que hay algunos que le han dado fiesta al desodorante, se nota porqué un olorcillo no muy agradable se empieza a filtrar por la nariz (muy recomendable ser previsor y usar máscara antigás antes de subir).

Los autobuses con dirección a la estación de Termini no podían abrir las puertas dado a que la acumulación de gente no lo permitía. Y  con suerte, se habría una. Y si tenías mucha, mucha suerte se abrían las dos, pero eso sí con riesgo que a alguien quedara aplastado detrás, porqué evidentemente, las puertas no se abrían hacia fuera, se abrían hacia dentro. Muy lógico todo.

Un hecho curioso de Roma es que muchos tranvías están reaprovechados, es decir, los “reconvierten” en autobuses. Es frecuente ver por la ciudad buses con toma eléctrica en el techo.
Después de cinco días yendo y viniendo con el autobús de las sardinas, nos entramos que la gente normal se desplazaba en metro. Mucho más cómodo, rápido, fresco e higiénico.

Respecto a centros comerciales óptimos recomiendo el Euroma por varios motivos. Se está fresquito, hacen unas pizzas muy ricas, hay más de 300 tiendas y los retretes están limpios. ¿Qué más se puede pedir?

En la Vía Nacional abundan las boutiques pequeñitas. Cabe decir que los escaparates de estas no son tan grandes como los de España, son más bien modestas, pero eso sí muy chics. Para quien tenga problemas para encontrar número de zapato, es bueno saber que en Italia el 41 es completo, en otras palabras, si en España calzas un 42 (de chica), en Italia un número menos viene prefecto (y lo digo por propia experiencia).

Si recorréis la Plaza de España,  aprovechad para tomar un helado de frutas naturales, pero eso sí, es recomendable comparar los precios de las diferentes heladerías porque la diferencia de precios se hace notar. Yo (en mi opinión) recomiendo el de fresa, dulce pero no excesivo, un sabor sublime digno de probar.

En la misma Fontana de Trevi hay una pequeña tienda muy cuca donde hacen figuras de madera cortadas y pintadas a mano. Desde relojes, marcos hasta llaveros y lucecitas de noche. Os la recomiendo muy gustosa: se llama Bartolucci (http://www.bartolucci.com/).

En la Plaza Venecia (sí, allí todos los centros turísticos coinciden con una plaza) hay unos militares (de carne y hueso) que vale la pena observarlos por lo menos durante diez minutos. Y no, no es lo que estáis pensando, de hecho no tiene nada que ver. Lo curioso del caso es que los militares en cuestión no se mueven ni un centímetro pese al uniforme de manga larga y los 45 grados a plena solana. Yo creo que ni sudan…

Respecto a los monumentos es bueno saber que no están hechos para verlos desde abajo, porque son tan grandes que es necesario un poco de lejanía para poderlos contemplar en toda su plenitud. Me estoy refiriendo por ejemplo al Foro Romano, al Coliseo (que posee una increíble belleza), al Panteón (donde está enterrado el pintor renacentista Rafaello Sanzio (más conocido como Rafael) y a todos las obras majestuosas y embriagadoras que Roma posee.

Aunque a muchos de los ciudadanos (según nos dijeron)  les parece que la capital de Italia no es para vivir, es un sitio estupendo para pasar las vacaciones. Los dos  únicos puntos a tener en cuenta es que si se va en verano hay que llevar buenas provisiones de agua porqué uno se puede deshidratar. El segundo punto a tener en cuenta es que al salir del hotel hay que pagar una tasa impuesta por el ayuntamiento de Roma de tres euros por persona y noche. Así que si has estado siete días y sois más de dos sale un poquillo caro. La tasa dicen que la cobran por el desgaste que cada turista aporta a la ciudad, pero  realmente no hay que ser muy listo para darse cuenta que la han puesto por todo el morro. ¿Es que los turistas realmente desgastan más la ciudad que el ciudadano empadronado? ¿El impuesto tiene que ver con el dióxido de carbono y el oxigeno consumido por cada turista? ¿Si no se respira ni transpira  no se desgasta la ciudad?

Piensen sobre ello.


H.Lana
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