Mujeres con curvas, por Lucía Etxevarría

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Hoy por casualidad he topado con ésta reflexión de la escritora española Lucía Etxevarría que una amiga ha compartido en su timeline de Facebook sobre la diferencia de lo que la gente de a pie entiende por "mujer con curvas" y lo que las revistas más fashion pistachion comprenden. Está tal cual copiado. 

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La verdad es que yo no sé muy bien lo que se entiende por “ una mujer con curvas” ¿ Kate Upton tiene curvas? Según y cómo se mire. Tiene un pecho muy bonito, pero no tiene caderas. Lo que yo considero una mujer con curvas responde más bien al modelo Beyoncé, Christina Hendricks, Tara Lynn , Cristal Renn, Scarlett Johansson, Jennifer López o Salma Hayek. O, para recurrir a un ejemplo español, Lluvia Rojo, Aida Folch, o Maribel Verdú cuando era joven y se le consideraba la super sex symbol patria ( aunque algunas de las lectoras eras muy niñas y no lo recordaréis) 


Hay que aclarar que una mujer puede ser muy delgada y curvilínea . Gisele Bundchen sin ir más lejos. Y que, por otra parte, no todas las mujeres con sobrepeso tienen curvas., Hay mujeres de la 44 que son rectas, otras que tiene forma de manzana o de trapecio. Aún así, repito, yo no calificaría a Kate Upton de curvilínea: de toda la vida de Dios una mujer con curvas tiene que tener un trasero muy redondo, una muy pronunciada curva de caderas que las mujeres que he citado en el primer párrafo ostentan muy orgullosamente. Alguna, como Jennifer López, incluso se ha tasado el culo y lo ha asegurado. 

Con esto quiero decir que a veces lo que las revistas de moda entienden por “curvilínea” no es lo que entiendo yo. Y lo que las revistas de moda entienden por despampanante tampoco es lo que entiende el común de los mortales, ni lo que entendería por despampanante tu novio, si es que quien me está leyendo es una chica heterosexual.

Voy a poner un ejemplo real. Mi amiga Alena hizo un experimento que acto seguido narró en su blog. Presentó tres fotos suya. La primera, cuando era estudiante, en un viaje de fin de curso. Una chica guapa, llenita, hermosota, con mejillas de manzana y una melena castaña no muy cuidada. La segunda, cuando trabajaba para una prestigiosa firma de moda. Cincuenta kilos, pelo cortado por uno de los mejores peluqueros de Barcelona, con flequillo desfilado y mechas, vestida con un traje de Issey Miyake. La tercera, en la actualidad. Pelo corto, castaño oscuro, corte muy estiloso pero no tan impactante como el anterior. Todavía delgada pero ya no tanto. A la pregunta “ ¿ con cual de los tres looks te gusto más?” , la respuesta fue: 90% de los hombres heterosexuales preferían a la estudiante natural y sana. 90% de los gays preferían a la rubia fashion. Las mujeres se dividían entre la rubia fashion y la morena intelectualizada de pelo corto.

Con esto quiero decir que cuando una revista habla del boom de la mujer curvilínea lo que quiere decir es que el boom se está dando entre las revistas de moda que hasta ayer relegaban a Kate Upton a la categoría “ chica imponente que posará en revistas para hombres” . Pero los gustos del común de los mortales no suelen coincidir con los gustos de las revistas de moda. En la calle, las mujeres redonditas han triunfado siempre. Esto lo sabe cualquiera con dos dedos de cabeza y ciertas dotes de observación. Pero por si alguien lo duda, puedo aportar mi propia experiencia.

Yo he llevado la talla 100 de sujetador desde los 18 años. He estado tremendamente acomplejada al respecto. Mis complejos no se debían a mi físico, sino que eran el resultado de haberme educado con una madre sobreexigente y un padre ausente. Si a esto le añades que crecí en un ambiente católico y mojigato, es lógico que centrara todas mis inseguridades en una parte tan visible. Inseguridades y complejos que fueron la base para que acabara manifestando bulimarexia, una psicopatología alimentaria que combina manifestaciones anoréxicas con fenómenos bulímicos, y que no fue diagnosticada en su día porque por entonces la palabra ni siquiera se había acuñado. Pero esta enfermedad, condición, síndrome o como queráis llamarlo, fue la responsable de mis espectulares cambios de peso: Yo he pesado 48 kilos mis épocas “de delgada” y 78 en las “ de gorda”. He comido en exceso o escasamente, o ambas cosas, para olvidar el vasto vacío emocional que había en lo profundo de mi ser. La obsesión por la comida, por mi cuerpo, y por mis inexistentes defectos agotaba toda la energía que necesitaba para lograr cualquier tipo de relación sana conmigo misma y con otras personas en mi vida.

Pero tuviera el peso que tuviera, el tipo de mi cuerpo no cambiaba. Estilo “reloj de arena”. Es decir: mucho pecho, muchas caderas, estrechamiento dramático en la cintura. Lo que se entiende por “mujer de bandera” o “ mujer explosiva” tengas el cuerpo que tengas.

Muy probablemente yo no me hubiera pasado media vida alternando dietas espartanas (he llegado a sobrevivir diez días a base de tres manzanas diarias) con atracones bulímicos ( podía comerme tres tabletas de chocolate seguidas) si no hubiera crecido en el tipo de familia y en el ambiente en el que crecí. Eso dadlo por hecho. Pero también existe una innegable influencia de los medios. Los medios modelan a veces nuestra cabeza. Yo quería ajustarme al ideal de mujer que se preconizaba y en general se preconiza, porque quería ser perfecta. Quería ser la niña perfecta que mi madre quería, y quería ser visible para que mi padre me hiciera caso. Pero no era capaz de darme cuenta de que ésa era la motivación más profunda de mis actos, y me ha llevado años de buceo serio en mi interior para llegar a esta simple conclusión. Como el estereotipo de mujer visible y perfecta que se retrataba en las revistas que mi madre leía no tenía pecho ni caderas, casi me mato intentado convertirme en una mujer que no era y que nunca podría ser. Si de verdad ahora resulta que la mujer explosiva se pone de moda, me ha pillado ya muy vieja como para alegrarme.

Con lo cual os recomiendo a cualquiera que no cometáis mis errores. Quizá tú lees esto y resulta que eres más lisa que una tabla de lavar. O eres de ese tipo tan español que tiene más caderas que pecho. Estupendo. Puedes mirar este reportaje y encontrar guapísima a Kate Upton, pero eso no debe impedir jamás que te mires al espejo y te gustes. Quizá no seas guapísima, pero cada mujer tiene algo bonito. A veces los ojos, otras los labios, casi siempre el cabello. Ah… Que no te gusta tu nariz. Mujer… Si Angelica Houston, Barbara Streissand y Sarah Jessica Parker son atractivas… ¿ no lo vas a ser tú? Siempre habrá un rasgo al que puedas sacar partido, y si lo combinas con una sonrisa franca y una mirada brillante, entonces sí que te convertirás en una mujer explosiva. Es una cuestión de actitud. 

¿ De verdad quieres ser una chica explosiva?¿ Quieres parecerte a Kate Upton? Ella, cuando se despierta ( sin maquillaje, sin peluquería, evidentemente sin photoshop) también quiere parecerse a Kate Upton. No hace falta que tengas el cuerpo de Kate Upton. Piensa que la foto de este reportaje se ha elegido entre los cientos que se hacen en una sesión, y que ella va maquillada, bien iluminada y convenientemente retocada. Tú puede ser tan explosiva o más con tal de que le copies la seguridad y la alegría con la que posa. 

Te voy a dar un truco muy fácil y te pido por favor que lo pongas en práctica. Lávate bien el pelo, asegúrate de que queda brillante y sedoso. Maquíllate. En el espejo, concéntrate primero en la partes de tu cuerpo que más te gustan y luego contempla con respeto las que crees que no te gustan. Son tuyas, son parte de ti, te hacen única, nos las rechaces. Eso marcará una gran diferencia en tu manera de verte, que te permitirá empezar a habituarte a la idea que realmente eres una diosa. Busca un pañuelo, unos pendientes, un bolso que te guste de verdad. Si eres capaz de andar con tacones ( yo no lo consigo), ponte los más altos que encuentres. Elige el modelo del armario con el que te sientas más cómoda. No te importe el tipo de cuerpo que tengas, puedes ser explosiva con cualquier talla o constitución. Piensa que la belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo, pero que la gracia se acaba convirtiendo casi siempre en belleza.
Antes de salir, dedica un rato a imaginar cómo haces el amor con Clive Owen, o con quiera que sea para ti el objeto de tus fantasías sexuales más locas. Cuando estés convencida de que eres sexy y divina, coge las llaves y sal de casa. 

Date un paseo por una calle concurrida. Visualiza una cuerda muy tensa y brillante que tira del centro de tu cabeza hacia el cielo y que te hace caminar muy erguida, con la cabeza bien alta. Sonríe, sonríe mucho. Advierte cómo los hombres ( y muchas mujeres) te miran. Devuelve la mirada, devuélvela con una sonrisa. El entusiasmo y la seguridad son contagiosos. Simplemente serán cruces de miradas furtivas, pero te harán sentirte muy guapa. 

Ya lo tienes, ya eres una mujer explosiva.

( Ya lo he colgado otras veces, originalmente se publicó en Vogue)

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