Diario de Granada

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“No hay lugar en el mundo con tal fragancia repartida en tan pequeño escenario, con tanta frescura y con tantas ventanas abiertas al paraíso”.
Alexandre Dumas. 1846.
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Día 1: Creo que el primer día nos pasó todo lo que nos podía pasar: casi nos atropellan, nos roban y encima nos maldicen. pero vayamos por partes. Seguro que pensaréis que un viaje que empieza así no puede continuar mejor. Dejad pues que os explique todo desde el principio. Lo primero que sorprende de Granada si vas en avión es lo pequeño que es el aeropuerto, que más bien parece de Playmobil si se compara con las pedazo-cacho terminales que tenemos en El Prat. Y también se hace lo típico, también: se coge un bus desde el aeropuerto hasta el centro –que vale tres euros- en el que te mueres de frío porqué el conductor ha tenido la brillante idea de que tenía sofocos. Después de dejar las maletas en el hotel, decidimos dar la caminata padre hasta el Albaycín, por el Mirador de San Nicolás y pasando por el Sacromonte, todo en una mañanita. Pasando por la catedral, por eso de verla, aunque no somos demasiado fans de las construcciones católicas, apostólicas y romanas, nos encontramos con un gitana que nos intentó vender “romero de la suerte”, que ya me diréis, porqué si da tanta suerte no se lo queda toíto pa’ ella. En fin, que le dijimos que no, hecho que provocó que nos maldijese los huesos. Y hecho que provocó a la vez que le devolviésemos sin acritud alguna y al estilo barcelonés, el piropo. Para resumir un poco, hicimos unos 12 kilómetros y 200 metros a pata durante el primer día: desde el centro dónde quedaba el Hotel Santos Saray –que os recomendamos por ser un hotel precioso y con un personal muy resolutivo-. Desde el hotel caminamos 3,1 km hasta el Albaycín por carreteras con fuerte pendiente, con calzada empedrada y resbaladiza, pero de una arquitectura paisajística deliciosa. Después subimos 3,2 km más hasta el Sacromonte por una carretera por la que no pasaba ni Cristo y los que pasaban –autobuses cargados de guiris- porqué claro ¿Quién iba a ir por una carretera perdida de la mano de Dior excepto nosotras? Eso sí, pudimos admirar una maravilla de la naturaleza como las cuevas del Sacromonte, un lugar dónde antiguamente vivía la gente y dónde actualmente una pequeña parte de estas cuevas todavía están habitadas puesto que desde el camino se podían observar tendales con ropa de colores colgada y una fogata.
De ahí, descendimos el caminar hecho hasta un pequeño restaurante del Albaycín de nombre “El Pozo”. En éste hicimos unas bravas como nunca habíamos probado –nada de kétchup  como en BCN-, buñuelos, quesos…todo acompañado de una buena sangría con trozos de fruta natural y variada. Al salir, justo en la puerta del restaurante nos intentaron atracar tres tíos, hecho del que fuimos conscientes minutos después de haber salido del sitio, puesto que los tipos en cuestión eran del lugar y que el Mirador de San Nicolás es el sitio turístico dónde más robos se cometen. Dicho eso último por la propia policía de Granada, con la que después estuvimos hablando un buen rato. El hecho en cuestión no se produjo gracias a que se acercaba otra pareja, así que si vais por esos lares cuidadín con las calles estrechas y solitarias. Si vais, siempre por dónde haya gente.
Fuimos caminando por la Carrera del Darro hasta el centro. Pero esto no queda ahí, no. Como no teníamos bastante, fuimos hasta el Realejo y de paso aprovechamos para ver los nazarenos –esos que llevan la capucha puntiaguda en semana santa- y a todo, el tropel que acompaña las procesiones. La verdad es que nos sorprendió el hecho de que en Granada hubiese tanta devoción cristiana combinada con una gran cantidad de iglesias y hermandades. Para que os hagáis una idea, –si algún historiador lee esto, que no me tire tomates, que soy muy joven- los árabes colonizaron la ciudad años a, y después de una guerra (es tan bonita la manera que los humanos tienen de solucionar los conflictos) con los cristianos –reyes católicos- en los que estos últimos ganaron, empezaron a construir iglesias a destajo para dar en los morros a los otros.
Otro detalle a destacar es la cantidad de nombres extraños que les ponen a las calles, y que todas las casas se llamen Carmen. Y por cierto, si vais de visita por Granada, probad YoYogurt, que está buenísimo y te lo ponen con los toppings que quieras. Que por cierto, el primer día también nos enteramos gracias a un camarero muy saleroso que la disposición de las sillas que había delante de la catedral –con palco y todo, así que imposible no verlas-  que se utilizaban para ver entrar la procesión dentro de la catedral ya estaban dadas de un año para otro. Se ve que los grandes caciques de la ciudad pagan hasta 500 euros por sentarse ahí.
Ninguna idea preconcebida puede captar la exquisita belleza de la Alhambra”. Washington Irving. 1828.
Día 2: Nos levantamos con agujetas a las 6:30 de la mañana para poder hacer cola para la Alhambra. Para nuestra sorpresa después de caminar 2 km hasta llegar allí, de subida por el empedrado –más vale que llevéis buena suela en las bambas, sino os vais a cagar en todo lo que se menea- hasta las taquillas y al llegar, la cola ya hacia rosquilla. Al escribir estas líneas ya llevamos un par de horas de cola. Se han acabado las entradas de la mañana y el de Palacios Nazaríes con la cual cosa sólo podemos tener acceso al Generalife y a la Alzaba.
Muertas de frío como estábamos –aquí el sol hasta las 10 no calienta-  nos dirigimos a lo que parecía una máquina de café. Pero no. No lo era. Era un minúsculo local habilitado para la venta de bebidas, bollería y bocadillos industriales . Sin desayunar y con frío pagamos lo indecible: 1,90 por un triste café con leche que tenía tres dedos. Pero estaba caliente y eso hacía mucho después de estar como estatuas. Por cierto, hay que decir que estábamos súper contentas de poder entrar. La verdad es que los leones, por muy reformados que estén no me inspiran lo que se llama pasión artística por admirarlos –a estas alturas todavía me pregunto porqué demonios hice periodismo-. íbamos básicamente para poder admirar los modelados en yeso, los jardines y las preciosas arcadas de medio punto. Esa mezcla de colores y formas que la componen y que a la vez la hacen tan especial.
Una vez adquiridos las entradas hay que hacer una cola de 13 minutos para acceder al recinto. Para comprar las entradas hay dos taquillas habilitadas y el pagamento ha de ser en efectivo, nada de tarjeta. No puedo evitar pensar que si esto no será para evitar declarar el importe de las recaudaciones hechas. No quiero ser mal pensada, pero es una forma de escaquear dinero. En el pie del acceso hay una nota que reza: “por motivos de organización   la retirada de reservas tiene prioridad.”
Pero tuvimos suerte, y justo al llegar a taquilla resulta que nos ofrecieron dos entradas generales porqué alguien se le había ocurrido no recogerlas. Tuvimos una suerte tremenda. la verdad, casi, casi mágica. Al entrar, fuimos directamente a ver los Palacios Nazaríes y nos metimos directamente por la primera entrada que vimos, que resultó ser exclusivo para grupos y no para personas individuales, así con todo el morro. Pero como nos pararon, tuvimos que ir por el otro lado. Mientras esperamos a entrar –teníamos hora a las 11, porqué sí los tiquetes van con hora, sino no entras-  empezó a llover. Espero que no dure mucho, aunque la lluvia no va a evitar que me pasee largo y tendido, por lo que consideramos una tienda de chucherías para los amantes de la historia del arte.
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14:10. Estamos sentadas en un banco en el Generalife. Es la primera vez que apoltronamos las posaderas desde hace 7 horas. Nos duelen los pies y queremos ir a un váter. Pero todavía nos quedan los jardines, así que poco podremos descansar. Nos ha sorprendido mucho la escalera de agua. Para que os hagáis una idea, es una escalera de piedra normal con canales hechos con teja invertida por dónde corre el agua fresca a ambos lados. Como la Silla del Mono estaba cortada no la pudimos ver de cerca. Con lo que vamos a cercar nuestra máxima prioridad: un váter decente.
18:45. Sentadas en el Paseo del Violín. Un quiche, una tartaleta de manzana, dos tortas de aceite y media barra de pan integral después, nos entretenemos viendo pasar a la gente. Se ve que ya ha empezado la procesión porqué la gente no para de subir paseo para arriba hacia el centro y a pata ligera, en modo trote. Una de los detalles que más sorprende de Granada, si se ve desde una perspectiva de Barcelona, es el catolicismo que reina en toda la ciudad. No os podéis hacer una idea de lo divertido que es ver pasar a la gente mientras estás espatarrada en un banco, rendida y con una pata para Acapulco y otra para Cantabria. La gente lo dice todo. Vemos a los críos pasar con camisa, zapatitos de borlitas en plan repipi y a las niñas con camisa –también, si- y faldita. Es curioso porqué si son gemelos los lleva idénticos, pobrecillos míos. Visto lo visto ¿dónde están las niñas con pantalones y bambas? Que sí, que sí, que a las peques me las llevan para rematar con zapatitos y lazo en todo el cogote. Los maridos, todos con camisa bien planchada y con la raya bien marcada en la manga. Zapato mocasín, pantalón de vestir y repeinados. Todo eso en contraste con una escena bastante surrealista que tenemos delante de los morros en estos momentos: una niña de un añito en pañales y vestida de color rosa que se niega rotundamente a ponerse los pantalones mientras le arrea a una bolsa de plástico con garbo al mismo tiempo que el abuelo del angelito rebelde desiste en toda intentona de hacerla entrar en razón. Todo esto rompe con el estereotipo de “chaqueta encima de los hombros” en plan pijo que llevamos viendo circular por el Paseo. Justo, justo, como antaño. Aunque después de escuchar el retal de conversación –y cito textualmente- “me tiene hasta la polla, hasta luego Lucas”  de un señor que acaba de pasar, creo que ya me lo creo todo.
Por cierto…¿Os he contado que parezco un panda? ¿No? Pues eso. Estoy roja nivel Larry la Langosta. Media cara rojo lucifer, media cara blanco nuclear. Nos fuimos a la cama sin cenar, porqué como no conocíamos nada, no sabíamos dónde ir.
Día 3: Hoy pasamos de ir por la zona turística. Queremos visitar dónde vive la gente normal, todos los barrios obreros, que según parece es por dónde mejor se tapea. La morriña y el cansancio hace que hasta las 8:30 no levantemos la pata de la cama. Hoy desayunaremos. No sabemos dónde pero lo haremos. Nos hemos metido en un bar-cafetería-pastelería que según nos han chivado muy amablemente, va el director de nuestro hotel. Pedimos unos churros con chocolate (incluye 5 churros) en la cafetería Maritoñi, que queda entre una inmobiliaria y una mini peluquería de barrio. Y cómo estaban esos churrooooos!!!  Aquí es bastante típico encontrar bares dónde los hagan, aunque más que churros, son porras, por lo enormes, digo. Pasaremos por la Zona Universitaria para encontrar los mejores sitios de tapeo del mundo mundial.
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Pero como al que teníamos pensado ir estaba cerrado –abren a las 12:30 y cierran a las 16:00- decidimos llegar al barrio de La Chana que se ve que los miércoles hacen mercadillo y está en la otra punta de Graná, dónde Cristo perdió la alpargata, que no sale ni en el mapa que nos han dado en el aeropuerto, vamos. Pero como estamos más muertas que vivas estamos sentadas aquí, bajo un árbol del amor, mientras nos caen flores rosas en la cabeza y nos llenamos de pelusas blancas. Por cierto, ¿sabíais que en Granada los precios no tienen punto de comparación con Barcelona? Por ejemplo, la crema de manos Eudermin de toda la vida en BCN es de 2,10 euros y en Graná 1,70. Así que como suvenir hemos cargado de botes de crema de manos y nos estamos pensando meter en la maleta tres barras de pan de payés por un euro.
Hoy hemos pasado por Camino de Ronda y nos hemos quedado bastante alucinadas con lo que por aquí se llama la Plaza del Helicóptero. En un principio pensamos que sería algún escultor inspirado que se le había ocurrido modelar uno de esos bichos de hierro con algún material ligero como titanio, acero macizo o hormigón armado. Pero al llegar nos dimos cuenta que no, que lo que se llama escultura, escultura no era, vamos. Sino que era un pedazo helicóptero real de las Fuerzas Armadas Españolas en representación de la delegación de las Fuerzas del Aire.
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Otra característica que sorprende de Granada es el uso de la “y” y los nombres de las tiendas.  Para servidora que viene de una ciudad bastante enorme parecida a Londres pero con menos gente y más sol y dónde todo Dior pasa de todo Dior quedamos encantadas al ir a Granada. Supongo que habrá de todo, pero de momento, hemos topado con gente muy maja. Pero a lo que iba, que una de las cosas que nos han hecho más gracia son los nombres de los negocios. Tenemos por ejemplo, “Hacer Cerveza, “Edificio Doña Concha”, “Entre Aliños”, “Tu aura. Peluquería y estética para señoras”, “ Centro Universitario Gentil”, “Papelería Técnica Copistería”, “Alimentación Estudiante”, “Dadent, Clínica Dental”, “Insuperables Oportunidades”, “Carnicería el buen corte”, “Panadería Vinagre”, “Restaurante El Caracol Sibarita”, “PartyGuay”,… Aquí dónde hacen bocadillos no se llaman bares, no. Se llaman bocalliderías.
Hace 31 grados a la sombra. Son las 13:45. Como ahorma mismo estamos que nos morimos, hemos entrado en el Reventaero, un bar de la zona universitaria situado en Camino de Ronda y considerado como uno de los mejores bares de España. Por cada bebida que cuesta dos euros te ponen un pedazo de tapa que ocupa un plato grande. Nosotras pedimos un tinto de verano para cada una. Las tapas las hicimos de bravas (con ensalada) y chocos (con ensalada, también). Pero como en BCN nos cobran un mínimo de cinco euros por un mini plato, decidimos ponernos hasta las trancas. La segunda ronda la hicimos de tintos de verano y unas tapitas de bomba (patata con carne dentro) que llevaban además unas patatas fritas y la otra de unos flamenquitos con queso, y otra más de chopines. Cada dos tapas, además un postre a elegir entra flan, tarta de chocolate o mini helado. En el Reventaero sales que revientas, literalmente.
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Después nos subimos otra vez por Camino de Ronda pasando por  Avenida de América hasta llegar al Centro Comercial Serrallo, dónde había quedado para conocer a Chris, todo mientras nos tomábamos otro YoYogurt y arreglábamos el mundo.
En conclusión, en todo el día nos hicimos a pata unos 12 km, cayendo consecuentemente reventadas en la cama.
Día 4: Y último. Hace un calor que deshace las piedras. Otra vez 31 grados a la sombra. Nos hemos quedado sin agua y resulta que todo está cerrado porqué en Granada se hace fiesta el jueves y el viernes Santo. Así que al subir hacia Serrallo para reclamar la porquería de máscara de MaxFactor, nos lo encontramos más muerto que vivo. Se ve que la última procesión de ayer acabó a las tres de la madrugada. El jueves es un día de descanso y actividad familiar que se lleva a cabo por la mañana, porqué por la tarde a partir de las cinco hay por lo menos otras tantas procesiones más y a las 12 de la noche sale el Cristo de los Silencios por el Paseo de Los Tristes, con la Alhambra de un lado, la luna llena en lo alto, el cristo, el repicar de un tambor acompañado por un silencio sepulcral con el ruido de las cadenas de fondo. El miércoles fue la salida desde el Sacromonte, dónde los gitanos van encendiendo hogueras por dónde pasa la imagen.
Nosotras que somos más de otras frikadas preferimos tomar estas  divertidas imágenes.
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Hemos acabado dando vueltas y de paseo y ahora, nos encontramos sentadas en el bar Porras, un bar muy famoso en Granada en el que se dan de leches para coger mesa, vamos que siempre está a petar. En ese sentido, nosotras tuvimos suerte y pillamos mesa a la primera. De momento, ya hemos pedido dos tintos de verano y unos salmorejos, que para que os hagáis una idea es como una especie de gazpacho pero más espeso. Allí, la bebida y la tapa también cuesta dos euros. También pedimos una ración de calamares fritos. Y la leche! Cómo estaba el salmorejo! Tenéis que probarlo! También pedimos pisto con huevo, que os recomendamos probar encarecidamente. Vamos a salir a reventar. Y nos falta bebida. Creo que tomaremos otro tinto, que por lo menos no sube cómo la sangría mientras oímos hablar a la señora que tenemos al lado sobre las notas de su nieto.
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Aquí las notas no son buenas o malas, son bonitas. Me parece una expresión acertada que se debería emplear más  en este país puesto que no discrimina a nadie. También hace gracia cómo el nivel social por estos lares se mide por lo grande que sea el caballo del polo,en contraposición a la venta ambulante: sudafricanos vendiendo de todo por los bares de tapas. Es una extrapolación exagerada del unos tanto y el otros tan poco. Aquí se come bien, pero también hay mucha gente pidiendo, no dinero sino comida. Sin ir más lejos un señor nos ha pedido la mitad de un bocadillo que habían traído a nuestra mesa por equivocación. Después lo hemos visto como se comía el bocadillo cómo si fuese el bien más preciado de la Tierra.
Por cierto, comprobado científicamente: para ira al váter no os hará falta ni mijo ni Activia, ni lino ni ná. Sólo agüita de Graná para iros por la patilla. Así que si no queréis pasar por el váter lo indecible os recomiendo agua embotellada. Porqué el tiempo de reacción peristáltica es de máximo 15 minutos. Sí, lo hemos contado.
Cambiando de tema, para rematar la jornada podéis tomar un helado por la zona turística. Os recomendamos Advetage, que queda al inicio, en la parte derecha del Paseo del Violín y no es excesivamente cara –2,50 una tarrina mediana y el cucurucho 1,80 con pedazo fresa dentro-.
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En fin, espero que os haya gustado el relato de nuestro pequeño viaje, que esperamos repetir algún día.
Lo mejor: Sus gentes, sus tapas.
Lo peor: los intentos de robo.
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6 comentarios:

  1. ¡Que guay! Yo a Granada no he ido, pero me apetece ver la Alhambra. Además, que creo que te hizo un tiempo genial , así que menuda suerte!!

    un besote guapaaaa

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    1. La Alhambra es tan bonita, pero tanto! ♥

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  2. Hola amoreeeee!
    Qué bonita mi Granada!!!! jijijij Yo la verdad es que levo viviendo aquí ya tres años y salvo alguna que otra excepción, la gente es bastante amable y maja. Eso si, lo de las frasecitas por donde quiera que vallas es para troncharse de risa jajaj.

    Me alegra que te haya gustado la ciudad, la próxima por Barcelona!!

    XOXO
    Lady Christina

    http://ladychristinaandthecity.blogspot.com.es

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    Respuestas
    1. A ver si te vienes por estos lares. Aunque no hace tanto calor como allí... ♥

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