Crítica de ‘Jimmy’s Hall’

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Jimmys-Hall

No entiendo cómo películas tan hermosas pueden tener tan poco público. Supongo que a la gente al fin y al cabo no le gusta pensar, quieren que le den todo hecho y cuanto más corto y más sencillo sea mejor. Voy a ser sincera y contar que tuve el honor de compartir sala con unos sandios que no dejaron de hablar durante toda la película y que lo único por lo que les estoy agradecida es porqué –previsiblemente- se fueron media hora antes de que la producción finalizara. Dicho esto, era la más joven de la sala. No sé si tendrá algo que ver el tema, o que sea una película independiente sobre el primer deportado político de Irlanda. Un tema nada sencillo de explicar y que sigue siendo polémico hasta tal punto que se han tenido que contratar abogados para que no hubiesen percances durante el film. Un tema tan delicado que incluso hoy, entre las críticas de cine, levanta ampollas.

La parte positiva es que no conocía para nada la historia de Jimmy, y creo que la mayoría de público que la fue a ver tampoco. Pero tengo curiosidad por saber qué fue de este hombre y las versiones que le rodean. Claro está que en el film sólo explican una de esas versiones, aunque esté fundamentada por una extensa bibliografía consultada sobre la vida del activista, creo que para comprender un tema es necesario verlo desde diferentes perspectivas. Después ya escogerás la que más te interese.

Es una película que no deja indiferente. Es decir, tiene la primera premisa del buen cine independiente: expresar e infundir sentimientos. El director Ken Loach (El espíritu del 45 (2013), El viento que agita la cebada (2006)), se aseguró que este drama político basado en la década de los años 30 tuviese un trasfondo moral. La historia está basada en hechos reales. James Gralton (Jimmy es el apodo cariñoso) fue un activista y líder comunista  que fue el único deportado de la República Irlandesa. Para poner un poco en antecedentes la historia, James dirigió el Grupo Obrero Revolucionario en Leitrim, punta del iceberg de lo que más tarde sería el Partido Comunista Irlandés. Para colmo de los colmos para la Iglesia, abrió un salón de baile en su pueblo natal, Effrinagh. La película usa de fondo este salón de baile para explicar la historia de Gralton. El salón de Jimmy se usaba tanto para dar clases como para expresar ideas políticas libremente.La Iglesia católica, como ya es habitual en causar más daño que bien en el ser humano, rehúye de todo lo que le es imposible controlar. Así que provocó violentos enfrentamientos contra el salón, que cabe decir, no estaba regentado por altos cargos, sino por obreros, la mayoría de ellos muy pobres. Las disputas acabaron en tiroteo y el 9 de febrero de 1933 Gralton fue deportado a Estados Unidos con la excusa que era ilegal (leer historia completa).

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Esta es resumida, muy a grandes rasgos, la historia real. Lo digo porqué en medio de la película es muy difícil ponerse en el trasfondo, que no queda demasiado claro. Así que me curo de males y ya si eso lo dejo escrito por si alguien –que dudo mucho- se anima a ir a verla. Un punto más es que fue parte de la Sección oficial de largometrajes a concurso del festival de Cannes de este año 2014 y su director, nominado a la Palma de Oro. Así que no puede ser mala, precisamente.

Dicho esto, y puesto en antecedentes, la película es una maravilla. Empezando con sus interpretaciones, su montaje, fotograía hasta su banda sonora. Por lo que se refiere a interpretaciones, he de ser sincera y decir que cuándo la seleccioné entre películas recomendadas del año lo hice además de por su temática por el actor Andrew Scott, al que ya tengo fichado con Pride, su último estreno previsto para diciembre. Todos los actores están brillantes, podría perfectamente calificarlos como ‘son una pasada’, porqué no se me ocurre adjetivo mejor. Y realmente lo son. Del primero al último. Claro que el guión de Paul Laverty también ayuda.

Me gustaría destacar que más que una película estrechamente política, Loach se introduce más en toda la cultura musical. El baile como aspecto cultural más que la tediosidad política. Siempre he sustentado que para escribir de política uno se debe aburrir mucho, además de ser un permanente monotema. Pero como ya he dicho, este film va más allá de el aburrimiento político, puesto que de la mano va su gemela, la religión católica de la que no nos desprendemos ni con desinfectante. Como se puede ver, hasta en la actualidad sigue ocupando portadas, y no por el bien que hace, precisamente, aunque se la quiera instar a una renovación sigue y seguirá estando allí como una lapa. Luego, ya no cuento la cantidad de propiedades que acarrean y la fuerza, por desgracia, que todavía cosechan en las decisiones gubernamentales y no sólo eso, sino en las críticas que he leído. Es muy divertido, porqué si me pongo a hacer un experimento social puedo descubrir la ideología del critico en cuestión sólo por la crítica que ha hecho de Jimmy’s Hall. Probadlo, sino.

 Jimmys Hall - Written by Paul Laverty, Directed by Ken Loach, Produced by Rebecca O'Brien

El reparto de actores principales consta Barry Ward  como el activista James Gralton, Simone Kirby  como Oonagh, el amor imposible de Gralton, Jim Norton como el odioso Padre Sheridan, Andrew Scott como el suave Padre Seamus y  Brian F. O’Byrne  como O’Keefe, el amigo imperturbable de Jimmy.

Este no es un film sobre buenos y malos, malos y buenos. Válgame que el orden de los factores no altera el producto. Quién piense así es que no se ha enterado, permitid la ironía, de la misa la mitad. Si bien es cierto que la perspectiva se hace desde la clase obrera, no veo porqué la otra perspectiva, la de la clase que lo tiene todo y que le está todo permitido podría ayudar a aportar algo nuevo. Si ir más lejos permitidme poner el ejemplo actual de Bankia (caciques/iglesia en el film) con los preferentes que han vendido a la gente, arruinándolos por completo (clase trabajadora en la producción). ¿Qué perspectiva es de la que vas a sacar más jugo? Pues eso. Básicamente porqué ya sabes que los primeros no tienen excusa para hacer lo que han hecho amparándose en el Gobierno y con la permisividad de este.

Bien, pero sigo que me voy del tema. Adelanto ya que si decidís verla no podréis evitar algún ‘pero qué cabrón’ o ‘la madre que los parió a los muy…’. Es lo normal. Respirad, inspirad, respirad, inspirad. El director, Ken Loach que a sus 78 años de edad sigue en pie de guerra denunciando los abusos del poder, no se ha quedado corto en este film lleno de matices. Con perlas cómo: ‘usted sólo escucha a la gente cuándo está de rodillas’ o ‘le diré lo que es pecado padre. Albergar más odio que amor en su corazón’ Loach emite un posicionamiento suave, pero muy efectivo en un film del que se ha cuidado cada parte con una dulzura meticulosa. Te hace enamorar de sus gentes, de su cultura, de sus bailes y de su paisaje. Es más un retrato social, una bella cantarela al cine de antes hecho con mimo.

Pese a la seriedad temática del la película hay escenas muy conseguidas, cómo por ejemplo, la de los guardias intentando salir por una ventana por la que no caben, puesto que sus barrigas se lo impiden,  la perturbadora escena del cura pasando lista, o la que más va a afectar al público: la fustigación de una cría por su padre (biológico, porqué eso no es un padre sino un asqueroso machista misógino retomado) por tener una ideología diferente. Estoy segura que el film ha producido el desprecio de muchos simplemente por no estar de acuerdo con sus ideales, ciegos delante de lo que es una obra puntillosamente bien realizada.

5/5

Sin título3

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Fuentes: IMDB, Filmaffinity, Royal Irish Academy

Imágenes: www.bridport-arts.com, www.nziff.co.nz, www.elhype.com, www.allocine.fr

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