Crítica ‘Héctor y el secreto de la felicidad’

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Héctor y el secreto de la felicidad poster

Por esas cuestiones de la vida – y del poderoso caballero, Don Dinero- , Héctor y el secreto de la felicidad solo estuvo una semana y media en cartelera, hará un mes aproximadamente. Y aproximadamente hará un mes que yo estuve semana y media en cama gracias a uno de esos catarros permanentes de invierno, que se asemejan más a una pila Duracell que a un virus molecular acelular. Por aquél entonces, ya habíamos sacado las entradas y me dio mucha rabia tenerlas que cambiar por otra película.

De todas maneras, no me rendí y la apunté en mi lista –literalmente- de películas pendientes. Me era imposible dejar pasar una película con un excelente plantel de actores por culpa de un agente infeccioso microscópico –pequeño pero matón- que había decidido convertir mi nariz en las cataratas del Niágara. Así, que la semana pasada me puse a ello. Me tragué las 2 horas y 15 minutos de película con titulación al alemán, sin entender un pijo de germano. Pero como siempre, el que la sigue la consigue. Así que me tapé hasta el cuello y feliz cuál perdiz, devoramos la segunda película del día – la primera fue The Quartet-.

Dicho esto e introducido el background, yo me esperaba más y me encontré –pese a las ganas- con una película blanda e insulsa al igual que todos los personajes que aparecen en ella. No es que sea un levanta-morales y te eleve la autoestima personal hasta límites estratosféricos, es que no llega ni a la primera vocal. Es tan llana, tan poco profunda que llegué hasta a aburrirme. Realmente me esperaba otra cosa. Pero ¿por dónde empezar la crítica de Héctor y el secreto de la felicidad? Voy a intentar resumir las principales características que hacen de esta película el mejor aliciente para echarse una siesta.

Héctor y el secreto de la felicidad Simon Pegg

Héctor (Simon Pegg) y en China paso desapercibido

La historia está basada en el libro homónimo del psiquiatra francés François LelordEl viaje de Héctor o el secreto de la felicidad-, un libro de autoayuda sobre un psicólogo londinense supuestamente ficticio llamado Héctor, que harto de escuchar las quejas de sus pacientes decide emprender un viaje para ver qué hace feliz a la gente. Personalmente, no he leído el libro-espero hacerlo pronto- así que me es imposible comparar la versión cinematográfica con la literaria.

El director es Peter Chelsom (¿Bailamos? (2004),Serendipity (2001),Enredos de sociedad (2001)) y ha contado con un buen reparto como el camaleónico Simon Pegg (Star Trek: en la oscuridad), la polifacética Rosamund Pike (con quien Pegg ya había trabajado en Bienvenidos al fin del mundo (2013)), los geniales Jean RenoStellan Skarsgård, la gran Toni Collette y el veterano Christopher Plummer. Según la revista Cine2000, ‘durante su viaje Héctor conoce a mucha gente, lo que dio pie a los productores para rodear a Simon Pegg de un consistente elenco de secundarios. Chelsom declaraba que ‘la felicidad es una elección. Depende de ti. Tenemos la obligación de ser felices. Creo que es el mensaje principal de la película. Como dice el profesor Coreman (Plummer), quizás deberíamos centrarnos no tanto en la búsqueda de la felicidad como en la felicidad de buscarla.’

Pike Pegg Héctor y el secreto de la felicidad

Héctor (Pegg) y Clara (Pike) y la sopa de boniato

Esta película tiene un gran problema de guión, y cuándo una producción tiene el problema de guión de base, es muy difícil que las demás sinergias de la cinematografía sigan un camino distinto. Sentí cómo un buen plantel de actores se echaba a perder en la construcción de una burda historia de hadas. Tampoco creo que un personaje que no sabe dónde tiene el pie derecho y que su novia se lo tiene que hacer todo incluyendo prepararle la comida, ponerle la corbata, ir a buscarlo al trabajo y, para colmo de los colmos, cortarle las uñas ya cae mal al espectador desde el principio. Y eso que Simon Pegg hace lo que puede para interpretar la simplicidad del psicólogo. Lo mismo pasa con Rosamund Pike.

Lo único no absurdo de la película es el hecho de querer hacer un viaje de autodescubrimiento, que acostumbra a ser un método efectivo para salir de la comodidad personal e instar a la reflexión de cómo viven otras culturas. ¿Pero de verdad hace falta que ese viaje sea siempre a oriente? A mi me vale con sacar la cabeza por la terraza, sentarme en el suelo y ponerme a leer mientras da el sol. Es mi forma permanente de viajar y de apreciar las pequeñas cosas de la vida. Pero eso es ya una opinión muy personal.

Siguiendo con Héctor, la primera parada la hace en oriente, más concretamente en algún punto no especificado de China dónde se encuentra con un empresario rico tipo ‘me limpio las posaderas con billetes de 10 dólares’. Ese señor tan majo está interpretado por el actor Stellan Skarsgård, al que seguramente el lector recordará por ser el científico chiflado que corría desnudo en Thor: un mundo oscuro. También salía en Thor – a secas- y en Los Vengadores –también a secas- pero era más soso. En China, Héctor aprende que el dinero no compra la felicidad, ni tampoco el amor. Sólo le ha costado 10.989 kilómetros darse cuenta. Y si a estas alturas de su vida no lo sabía, apaga y vámonos. Pero como ya he contado es un personaje simplón y necio,  y por supuesto, es la chica la que siempre acaba recibiendo. Concretamente un tortazo en la cara por parte del explotador. Lo mismo que le hubiese regalado yo al que se le ocurrió esa idea misógina.

Simon Pegg y Rosamund Pike Héctor y el secreto de la felicidad

Héctor y la necesidad de hacer un viaje

Por si el espectador no hubiese recibido ya suficiente tortura audiovisual hasta ahora, la película continúa machacándolo, esta vez en un lugar remoto del Nepal. Los colores reflejados en el film en esta parte del mundo son espectaculares pero esto no dista del hecho que sea todo totalmente inverosímil. Dicho esto y teniendo a Héctor feliz por tener Skype en un templo budista, el psicólogo sigue su recorrido por África. Ahí ya me costó mantener los párpados levantados pese a la entrada en acción de un Jean Reno con mala leche. El espectador también se encontrará en ese aspecto con la única escena de la película que hace una mínima gracia y también con una de las más violentas -menos que Kingsman pero más que El corredor del laberinto-. Y no voy a desmontar más de la trama. Por cierto, no puedo evitar encontrar a Simon Pegg un parecido razonable con Michael Sheen.

Como conclusión, decir que el secreto de la felicidad es empezar por no malgastar el tiempo viendo esta producción con motivación positivista poco convincente llena de tópicos culturales, de budistas con frases célebres y de consejos banales al que les patina de forma chirriante la moraleja. El ‘todos tenemos la obligación de ser felices’ como colofón me sabe a algo cierto pero retrógrado. Si bien es cierto que la actitud de la persona prevalece en cómo le afectan las cosas, la teoría poco sirve en estos casos. Hay quién ha llegado a comparar esta película con La vida secreta de Walter Mitty, pero lo cierto es que tiene muy poco de lo bueno de ésta. El ritmo al encontronazo de actores famosos repartidos por el mundo más en plan ‘estrella invitada’ de programa de la tele ralentiza y cansa que es un primor. Añadir que esta película bajó el listón en picado en la escena del escáner cerebral y la apertura de emociones del protagonista reflejadas en color amarillo. No sé si en este momento, le están diciendo al espectador que es directamente tonto pero me da la impresión de que hay una probabilidad bastante alta de bodrio banal e insulso, de prefabricado industrial. Otro hecho de la película es la banalización y simpleza de que juega el papel de la mujer como estereotipo potenciador de la vileza masculina. De todas formas, estoy contenta. Contenta por haberme ahorrado la entrada de cine de semejante deyección. 

1/5

★★★★

 

Ver tráiler

Fuentes: IMDB, Filmaffinity, Cine2000.

Imágenes:

Web oficial: https://www.facebook.com/hectorfilm

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