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miércoles, 29 de febrero de 2012

Crisis y otros daños colaterales

Que en nuestro país los políticos dediquen sus horas libres a desfalcar dinero ya no nos viene de nuevo, no nos sorprende, lo conforma nuestro día a día. Uno se levanta por la mañana y piensa: donde habrán ido a parar aquellos eurillos que pagué por el IVA de unos tomates, de un CD o de cualquier otro producto que el mercado libre tiene el privilegio de ofrecer a la sociedad para inducir a las personas a un planificado consumismo….¿Donde estarán? O mejor, cambiemos la pregunta: ¿Quién los tendrá? Hay algunos que dicen que la crisis sólo ha aportado cosas malas, que se ha hundido por completo la economía y que en las arcas del estado no hay más que telas de araña.

Pero no, la crisis también ha aportado cosas buenas, por ejemplo que los ricos sean todavía más ricos gracias a los impuestos de los ciudadanos (que todavía tienen la suerte de cotizar) puedan seguir pagando… Con ello, no me estoy refiriendo a nuevos ricos (que sí, los hay y salen como setas) sino a un miembro de la monarquía española: Undargarín.

Es un caso difícil de determinar, como todo lo que concierne a nuestra intocable monarquía. Me explico: entre que la infanta no tenía ni idea (o eso dice) de que su marido, en vez de estampitas coleccionaba billetes de 500 y que  durante estos años se ha estado aprovechando de los céntimos del ciudadano de a pie, ha llevado a que la  sociedad no esté demasiado contenta con el repartimiento del dinero público. Y es del todo lógico: con el 20% de la población española en paro, sin recursos económicos, la sanidad pública yéndose al garete, la educación peor y por puntilla, una reforma laboral que sólo aboga por los intereses de las empresa,  la sensación de inestabilidad e inseguridad social aumenta. No porque sea otro caso de corrupción, sino porqué es un miembro de  la monarquía el causante de ello.  Recordemos que en teoría Urdangarín en uno u otro modo también representa a nuestro país por estar casado con una de las infantas.

Tal y como decían los manifestantes que protestaron contra el cónyuge de la Infanta, “Tanto privilegio y tanta nobleza, mientras el pueblo está en la pobreza”.  Con éstas el republicanismo y la sensación de no representación y de que a los peces gordos el  pueblo de a pie les importa un comino está en auge. Esperemos que no acabe mal, porque tal y como decía el escritor francés Jean de la Bruyere “cuando un pueblo se exalta es difícil calmarlo; pero cuando está tranquilo es difícil saber cuándo va a exaltarse”. 

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