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Que a las mujeres nos gusta ir de compras es una auténtica gilipollez.

No es una especie de meditación budista como lo que hacen las de ‘Sexo en Nueva York’, con los bolsos en el codo, con los taconazos y con esos pantalones que les entran a la primera. Yo, el día que tengo que ir a comprar tejanos llego a casa y…

1) me bebo dos copas de licor de whisky.

Y 2) me zampo una tableta de chocolate.

Es una gran tortura saber que las grandes marcas han vuelto a estrechar la ropa y que tú no vas a caber ahí. Cada año la reducen unos milímetros para que te sientas como un boliche y redonda cual pelota de golf. Una pelota de golf que si no entra en una 34 es un lastre social. 

Y que lo digas, muchacha
De hecho, estar en el probador es algo muy deprimente. Casi como una colonoscopia o como tener un apretón en un váter público. Te despelotas frente a un espejo hyper bien iluminado, en el que te puedes ver hasta como te saludan los poros negros de la nariz, para intentar meter sin respirar una pata en un pantalón que sabes que no te vendrá. De hecho, ese pantalón no le cabría ni a mi canario, pero oye, tú vas ahí y te lo pruebas, que por intentar que no quede. Metes una pata y escuchas el ‘kreeeeck’ y miras a los lados por si acaso hay alguien ahí, dentro de tu probador, y ha notado que las costuras se han ido a hacer el Camino de Santiago.

Hay pantalones en los que no se puede ni pasar el pie. Y no es que el pobre se haya alargado de un mes a otro es que simplemente, en el agujero por el que pasar la pata podría filtrarse el café. Yo no lo recomiendo porqué deja un sabor nada agradable.

Por supuesto, los probadores no ayudan. La maniobra para probarse un tejano en el que parezcas una morcilla empanada de Burgos, es harta complicada, ecuánime en equilibrio y ducha en buenos reflejos para evitar apoyarte en la cortinilla y acabar dando un striptease a media tienda. Para ello es bueno usar el modo comba. Consiste en dar saltitos, a ver si así, animándolo, se decide a caber.

La práctica hace a la maestra
Porqué oigan, uno puede encontrar en tienda de tooooodo tipo de pantalones menos de los normales. Los normales no, que no están de moda.
-¿Tienen pantalones normales?
-¿Normales, normales?
-Sí, normales
-No dispensan desde el siglo XV.
Genial.

 Otro dilema con el que se encuentra una es el probar los vestidos. Los tejanos no quedan bien. Pero es que los vestidos, tampoco. Ya me dirán si llevando una 40 me meten una 120 de pecho, qué gracia. Pues nada, ya tengo sitio para cargar la compra.
-¿Quiere bolsas?
-No, lo van a llevar mis chicas, Paca y Maca.
Lo peor es la cintura. Eso no se lo pone ni un mondadientes, al pobre le queda ceñido. La última vez que me probé uno de esos me lo tuvieron que sacar con la rasqueta de la vitrocerámica.

Cuándo diseñadores y mangantes deciden que lo de respirar, para las mujeres, está sobrevalorado
El suelo de los probadores es otro percal. Es un suelo inmovilista , porqué siempre te encuentras las mismas pelusas. Ya se les tiene hasta cariño. Les preguntas cómo les va la vida, cómo es él, en qué lugar se enamoró de ti, a qué dedica el tiempo libre…No contestan, pero es agradable tener a alguien con quién hablar. En el suelo , también proliferan cosas que pinchan: etiquetas mal cortadas, plástico, agujas que incluyen servicio de acupuntura en el pinrel, cactus…la fauna es variopinta, extensa y diversa, como un bocata de pan.

Lo bonito de los probadores mixtos es que se escuchan las conversaciones. Las mujeres tendemos a ‘joder, estoy gorda’ cuándo solo lleva una 48 y por contra, no es extraño escuchar a un hombre diciéndole a su amigo ‘tú lo que estás es fuerte, tío’. Que digo yo, que si estar fuerte es tener una barriga de elefanta de 9 meses, en la que Saturno puede rodar en masa orbital, sí, hijo estás fuerte. Fuertemente gordo. Pueden darte con un mazo hidráulico y que la propulsión del rebote acabe en el Adriático.

Ser mujer equivale a una excesiva preocupación por su cuerpo
Lo bueno de ser mujer es que si a una no le entra lo de la sección femenina, se va a la masculina, que además siempre es más ancha. Es curioso, a nosotras nos aprietan como morcillas, pero ellos pueden ir holgados. Nosotras nos ponemos su ropa, pero ellos lo tienen más chungo para enfundarse los leggins que venden con la cara de Mickey Mouse o un estampado en el culo que ponga ‘Kiss me’. 

Llamémosle karma. O feminismo.
Lo bueno de llevar cuatro años en este mundillo es que una ya tiene espolones. Una cierta sabiduría blogueril que hace que me huela las intenciones a kilómetros. Por eso he decidido, en la brevedad del tiempo que corresponde a redactarlo, esta guía de supervivencia a especímenes. Este diccionario contiene un tanto de mala leche cuajada, y otro tanto de ironía positivista combinada con la hartura que suscitan.

Vengo on fire

Bombo-Blogger: esa gente que no se lee los posts y que dejan el comentario para hacerse publicidad. Es como si resplandeciese un cartelito de neón con luces fluorescentes y reaggeton a todo trapo que pusiese ‘mírame’.  Este espécimen tiene tal voracidad que si una publica un artículo a las 23:57 de la noche, a las 24 horas, tres minutos después, ya se lo ha leído todo y ya ha comentado. Pongamos un punto y a parte en eso de leer. Todos sabemos que se ha mirado las estrellitas y las dos últimas frases.

Oh, yeah! Claro que sí. Like Bércenas en Suiza.

Yo-Yo-Blogger: este espécimen es curioso. Publica un comentario no hablando de lo que va la entrada del post en cuestión sino hablando de lo que le da la gana. Es decir, con algo que no tiene nada que ver. Si la el autor publica un escrito sobre ‘la reproducción del escarabajo pelotero en las semanas de primavera’, este espécimen comentará sobre ‘la plantación de higos chumbos en marte y su combinación con la cebolla fosilizada’.

Si lo dice Wells, va a misa.

Te-dejo-mi-URL-Blogger: Tal cual. La diferencia con el Bombo-blogger es que esta especie directamente pone la URL de su bitácora con un comentario pre-hecho, tipo las cartas de felicitación de El Corte Inglés, que refiere más o menos así: ‘Me ha gustado mucho tu post. Mi blog es notengoneuronas.blogspot.com’, denotando así mismo un gran nivel conceptual de lectura.

La pregunta es retórica. Todos sabemos que no.
No-me-llama-Blogger: la diferencia con el anterior es que no dejan la URL, sino que directamente se miran las fotos de la entrada y ponen ‘no me llama. Besitos’, o puede que hasta en un alarde de infinita creatividad el ‘besitos’ se sustituya por ‘nos leemos’.

¿WTF?
Me-sigues-blogger: ídem a las dos anteriores, con mismo mensaje pero diferente terminación concurrida en la siguiente frase: ‘ya te sigo. Besitos. Nos leemos. Mi blog es: tevoyahacerspamdemaneragrafica.blogspot.com’.

El copy-paste también se ha puesto muy de moda

Me-parece-una mierda-pero-digo-que-es-genial-blogger: espécimen que se da bombo a sí mismo/a, complaciendo a lo que quieren escuchar los demás. Es muy probable posea un alto nivel de hipocresía en vena.

Solo sirven para joder

Cambia bragas/gayumbos-blogger: de estos abundan. Un día se despiertan marichulámenes y al siguiente pasan a feministas en potencia. Es fácil distinguirlos porqué normalmente tienen puesto 'feminista' en sus RRSS y después leen, defienden 50 sombras o 'Calendar Girl'. En este apartado también se incluyen los que de golpe y porrazo les ha dado por el feminismo.

Un saludín, majas
Pluma-de-la-autora-blogger: no repite otra cosa. Básicamente esta especie se basa en ser un disco rallado de frases tópicas, como: 'no me ha llegado', 'no me cala', 'la pluma de la autora'. La diferencia con la 'no-me-llama-blogger' es que las escribe en su blog.


HTML: código capaz de bajar la moral con su lenguaje. Se entiende él, y porqué no le queda más remedio.


Seguro que me dejo algo en el tintero. Será cuestión de ir actualizando, que por blogger, fauna, a cascoporro.

 

Documentary Blackfish

Este es precisamente el documental que las millonarias empresas de zoos y acuarios no quieren que veas. Y no quieren que lo veas no por el bien de los animales, sino por la pérdida de dinero que puede acarrear en sus abultados bolsillos. De entre todos esos delfines, focas, leones marinos, y otros animales, la película se centra en las orcas, de ahí el título de blackfish (pez negro, traducido literalmente al español).

‘Hay actualmente en el mundo 56 orcas mantenidas en cautividad, y el número va en aumento. España, junto a Francia y Rusia -con 6 orcas cada uno- son los terceros países con más orcas cautivas, después de EEUU (25 orcas) y Japón (7) y seguidos de China (5), Argentina (1) y Canadá (1). 21 de estas 56 orcas han sido capturadas de su estado salvaje.’

SOS delfines.org

El documental cuenta con declaraciones de los entrenadores de orcas como Tilikum, nacida en 1981, que ya ha matado a tres personas, la última mientras estaba cautiva en el SeaWorld de Orlando, en Estados Unidos. De hecho, la directora, Gabriela Cowperthwaite  comenzó a trabajar en la producción después de que Tilikum matara a su entrenadora, Dawn Brancheau en febrero de 2010. Dos años de investigación después, este controvertido film pudo ver la luz y estrenarse en el Festival de Cine de Sundance.

‘Durante dos años fuimos bombardeados por hechos terroríficos: informes de autopsias, entrevistados llorosos y animales infelices. Pero a medida que avanzaba sabia que teníamos la oportunidad de sacar a la luz algunas cosas que habían quedado pendientes de aclarar a lo largo del camino. Y todo lo que teníamos que hacer era contar la verdad’

Gabriela Cowperthwaite 

Pero SeaWorld no dio la cara ni accedió a hacer ninguna entrevista ni comunicado para Blackfish, y eso ya dice mucho al espectador del negro proceder de esta empresa, que empieza a oler a un tufillo desagradable,  al igual que muchas de España.

Un estudio de la neurocientífica Lori Marino afirmó que las orcas tienen un cerebro más desarrollado que el humano. Es curioso como el argumento del cerebro siempre ha sido una excusa para meter a los animales en cárceles, o simplemente, cazarlos o comérnoslos. Pero este último tema, no lo voy a tocar en esta crítica. Creo sinceramente que los espectáculos acuáticos son una auténtica aberración y que la gente que va a ver animales encerrados están, siquiera saberlo, promoviendo la industria de la explotación y el maltrato. Y no me estoy yendo de madre. Sé como actúa la comunicación y también que estas empresas siempre dirán lo que queremos oír con argumentos tan fútiles de que ‘ayudan a la preservación’, que ‘están bien cuidados’ que ‘tienen espacio suficiente’ o que en su ‘hábitat natural no sobrevivirían’, cuando muchos han sido capturados precisamente en su hábitat natural  y vendidos sin que ni siquiera nos enteremos. El último gran caso, por poner un ejemplo, fue el del delfín albino, que fue capturado y vendido a un acuario de Tokio por ser ‘diferente’. A sus compañeros se los comieron. Para que quede claro, los medios tienen parte de la culpa en ser los precursores e ir anunciando a bombo y platillo que hay un delfín que ‘cambia de color’. A la gente todavía le cuesta entender el porqué. Cuando mis amigas me pasaron la noticia me quedé pasmada. ¿Qué han hecho QUÉ? Al preguntarme el si sabía porqué cambiaba de color les respondí, sin pensármelo dos veces, que es gracias a su circulación sanguínea y a la emoción que siente en ese momento. No es un delfín rosa como han vendido algunas cabeceras, el delfín rosa que yo sepa, tiene el morro alargado y vive en el Misisipi y está, como todo lo que destruye el humano, en peligro de extinción.

Blackfish_Dogwoof_Documentary

Blackfish (2013) – (c) Magnolia Pictures

Dicho esto y dejando clara mi posición al respecto, tanto empresas como medios, nos recordarán incansablemente que mensaje quieren que cale en  la población, ya sea para hacer sentir bien con el precio de la entrada, o para crear una buena imagen de marca. Marca que por cierto, deseo que se vaya al garete. Reconozco que hasta hace tres años yo también visitaba zoos y acuarios. Tengo una cierta debilidad por los animales –excepto simios- y pensaba que así ayudaba a que éstos estuviesen bien y en condiciones. Pero no. El dinero va para los bolsillos de arriba. Ahora, si quiero ver animales, y puede que con los años me haya vuelto más radical, prefiero verlos en su hábitat natural, libres y no encerrados. Contratar expediciones o simplemente bucear y disfrutar de la biodiversidad de este maravilloso mar llamado Mediterráneo. Disfruto viendo las palomas caminando, con esas patitas monísimas que tienen, por la calle, mientras les suelto un ¡guapa! Puede parecer exagerado, pero me encanta lanzarles piropos y no comprendo porqué la gente les tiene tanta manía. No están sucias porqué quieran, sino por la mierda que hay en la calle. A esa gente les instaría amablemente que probasen a vivir sin techo tan solo una semana, a ver con qué aspecto acaban. Esa es otra lucha que tenemos pendiente: acabar con el tiro a pichón y con la matanza de palomas. Aquí en Barcelona, ciudad pionera en casi todo lo que nos echen, el tiro a pichón está prohibido, pero se siguen exterminando palomas, pese a haber anticonceptivos eficientes.

Pero voy a lo que voy que sino tiro por otros derroteros y como que no. La película muestra al espectador la cruel realidad de las cárceles –llamémosle por su nombre propiamente dicho- en las que viven las orcas: desde el estrés al que están sometidas, a los antidepresivos que les subministran para que no se vuelvan agresivas por el mismo estrés y frustración, al poco espacio en el que están reducidas para nadar, pasando por el peligroso cruce de seres y la separación de madres y crías a otro acuario por razones puramente económicas. Son atracciones que generan mucho dinero, y que por cierto valen más que una vida humana. Así que se les puede sacar rentabilidad. Como dije, las orcas no matan a sus entrenadores por ‘instintos asesinos’ sino por el estrés que les provoca estar en un sitio tan pequeño además del cloro de la piscina, de los espectáculos de la música alta y de la constante separación de grupos. Ellas están acostumbradas a nadar de 150 a 160 kilómetros en un solo día y a velocidades de hasta 56 Km./hora. Para que os hagáis una idea, a los entrenadores se les paga –mal, pero se les paga- por el trabajo, pero a una orca –ni a ningún otro animal- se le puede decir ‘venga Pepe, vamos a entrenar’ porqué no funcionan así.

BlackFish

Tilikum en el espectáculo de circo Blackfish (2013) – (c) Magnolia Pictures

‘En su estado salvaje, las orcas macho viven un máximo estimado de 60-70 años, mientras que las hembras pueden vivir 80-90 años y (siendo la media de su expectativa de vida de aproximadamente 30 años en los machos y 50 en las hembras). Un factor que contribuye a la mortandad causada por infecciones es la inmunosupresión que sufren estos animales cautivos debido al estrés crónico, la depresión psicológica e incluso el aburrimiento.’

España es el país europeo donde hay más cetáceos en cautividad, aproximadamente 90 delfines, 2 belugas y 6 orcas repartidos en zoológicos y delfinarios, según datos de SosDelfines. Yo tuve la oportunidad de ver a las belugas ya hace años, que están en L’Oceanogràfic de Valéncia, y las noté en su momento muy estresadas, llegando a chocar su cuerpo contra el cristal. Por su parte, el Zoo de Barcelona también quiere hacer una limpieza de cara en los medios, pero los activistas de SosDelfines sostienen que ‘el Zoo administra Valium a sus delfines para evitar que estos muestren comportamientos anormales’. Queda dicho.

Esta película, aunque algunos se quejen de su falta de contraste por las partes –faltan las entrevistas que SeaWorld se negó a hacer-, rebosa honestidad y cautiva al espectador, haciéndolo pensar más allá de una simple reflexión banal, mientras hace una magnífica crítica con fundamento a los parques que albergan animales en cautividad. Pero eso sí, el parque se encargó después de hacer sus 69 razones para no ver el filme. Supongo que me vendrá de mi faceta profesional, pero los discursos oficiales como que no me los trago, y menos si están tan mal justificados como estos. Porqué, normalmente, lo oficial está cargado de intereses y a menudo no se contrasta o no se permite contrastar lo suficiente, haciendo tragar al ciudadano un discurso utópico. El documental tiene mucho de periodismo de investigación y de exploración para entender a estos maravillosos animales. En estos momentos, me viene a la cabeza el maravilloso y elocuente documental de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, Océanos, en el que se necesitaron unos cuantos periodistas de investigación para grabar la parte dramática –y cruel- que ejerce el humano. El humano, el ser que más humanos y animales mata. Y también el más peligroso. La producción mezcla en el montaje vídeos promocionales y spots de SeaWorld, junto con noticias de la época y cortes de audio de la policía hablando de los sucesos –‘accidentes’, para la empresa- mortales. Para suerte del espectador, no se regocija en imágenes crueles y violentas. Orcas almacenadas en piscinas de 20 metros, sin estímulos, sin iluminación, sin casi poder nadar.

Blackfish - CINEMANÍA

Blackfish (2013) – (c) Magnolia Pictures

Una prueba de su estado mediocre se encuentra en las aletas dorsales caídas de los machos. Este hecho se debe al estrés y a las condiciones en las que viven. Es un efecto visible que el espectador del parque tiene delante de las narices y que nos negamos a ver. Yo lo busqué por curiosidad, porqué no recuerdo haber visto a ninguna orca en libertad con la aleta caudal retorcida en documentales, sólo en cautividad, y me encontré con este dato revelador. Según SosDelfines, ‘aunque los parques acuáticos aleguen que es normal que se doblen las aletas dorsales de las orcas debido a la gravedad, esto raramente ocurre en la naturaleza. En su estado salvaje, sólo se observa este fenómeno en el 1-5% de los machos de algunas poblaciones (y en ninguno en otras). Sin embargo, todos los machos en cautividad muestran la aleta dorsal doblada. Se conocen al menos 138 casos de incidentes agresivos de orcas hacia personas. Cuatro personas, tres de ellos entrenadores, han muerto a causa de ataques de orcas cautivas siendo los casos más recientes en 2009 en Loro Parque España y el 2010 en SeaWorld Orlando. En la naturaleza, raramente se observa agresividad entre las orcas’.

En esto también tiene que ver la endogamia que practican entre cetáceos: ‘los delfinarios tienden a hacer criar a sus hembras antes y más a menudo de lo que harían en la naturaleza y en ocasiones de manera endogámica. Como en otras especies de mamíferos, las hembras forzadas a criar en estas condiciones pueden tener problemas físicos que reducen su expectativa de vida. Esta práctica también pone en riesgo la supervivencia de las crías dado que las madres pueden no haber aprendido las habilidades maternales o no disponer de la madurez necesaria para criar a una cría con éxito. La endogamia también implica problemas de bienestar haciendo pasar a las hembras por el trauma emocional de perder a sus crías y poniendo asimismo en riesgo su vida. Para evitar la endogamia los centros intercambian animales entre ellos y por todo el mundo, rompiendo los grupos existentes y añadiendo tensiones sociales entre los animales de distintas instalaciones’.

blackfish magnolia pictures

Tilikum agarrando a su entrenador por el tobillo y llevándolo al fondo de la piscina Blackfish (2013) – (c) Magnolia Pictures

Por poner un ejemplo de programa cruel y mezquino, en parrilla televisiva tenemos actualmente Vaya Fauna, de la Mediaset de Berlusconi, dónde los animales son el circo, dónde para que puedan actuar les arrancan los dientes, y las uñas, lo único que tienen para defenderse. Dónde no importa su sufrimiento. Ya adelanto que la única forma de que ese programa no se emita es que baje en picado la audiencia. Para ello se ha creado el hashtag #ApagonVayaFauna, por si le interesa colaborar al  apreciado lector con una buena causa. Por cierto, hace unos días se declaró Cataluña, la primera comunidad española que ha prohibido los circos con animales.

Como anécdotas, John Lasseter y Andrew Stanton, directores del estudio Pixar, vieron Blackfish y hablaron con su directora. Les afectó de tal forma el documental que el final de la película Finding Dory (prevista para 2016) fue modificado. Incluso el director de Jurassic World, Colin Treverrow dijo en una entrevista en Empire que ‘Blackfish fue una gran influencia en la película. El comportamiento del cautivo Indominus Rex, se basa en el comportamiento de Tilikum en cautiverio’.

Blackfish, es un documental que muestra a qué están sometidas, como esclavos, las orcas. Mientras se espera que A Fall From Freedom otro, documental que muestra la pésima calidad de vida de los cetáceos en los acuarios de todo el mundo, haga su efecto. Es una película que llama al activismo y que creo, se debería empezar por poner en las escuelas.  Un documental revelador, rompedor y necesario, que ya advierto, no va a dejar a nadie indiferente.

5/5

★★★★★

Puedes ver la película en: http://blackfishmovie.com/

O difundir, que es gratis.

O firmar, que también lo es: https://secure.avaaz.org/en/petition/SeaWorld_Blackfish_Free_Tilikum/?cDvqojb

Más información (fuentes):

SOS Delfines: http://sosdelfines.org/orcas

Morgan Libre: http://www.freemorgan.org/

Killer Controversy: Why orcas should no longer be kept in captivity: http://www.hsi.org/assets/pdfs/orca_white_paper.pdf

The orca project: https://theorcaproject.wordpress.com/

The deadly history of captive killer whales: http://www.orcahome.de/deaddied.htm

The case against Marine Mammals in Captivity: http://www.humanesociety.org/assets/pdfs/marine_mammals/case_against_marine_captivity.pdf

IMDB, Filmaffinity

Imágenes: Web oficial, Cinemanía, therellimzone

 

mosquitoSi es que me conozco.

Si es que no sé que le pasó al tipo del Arca por la cabeza. Que eso de incluir animales está muy bien, pero insectos ¿para qué? y mosquitos ¿para qué de requé? Esto no se lo perdono yo al muy desgraciado. Porqué es por él, si por su culpa, que ahora estoy así.

Que encanto de bicho.

Vale, lo reconozco, no soy la panacea del positivismo y tiendo a hacer una montaña de un grano de arena. Pero es que esto… esto se las trae. Que no tendría que tomármelo tan a pecho, puede. Que esto se pasa en unas horas, también. Que también puede que se pase en unos días, joder. Yo ayer era una chica normal, con sus problemas de universidad normales y sus dilemas existenciales tipo ¿me zampo primero el chocolate o las natillas? normales. Todo muy normal. Bueno, que ahora también lo soy, lo que pasa es que ver con un solo ojo como que no lo llevo yo a la práctica muy a menudo. Que es la primera vez, vamos. Y que tirando a lo tonto, la cosa se va a hacer larga.

Si es que lo se yo que que no puedo dormir con la ventana abierta. Que vienen a por mi. Que les debo dar de beber horchata. O granizado de limón. Que fijo que tienen detectados mis movimientos por GPS. Maldito mosquito. Y mira que hay lugares para picar ¿eh? Que haberlos haylos. Un porrón, vamos. Que se yo, un dedo del pie, un muslito, en el gemelo, el cuello, en la espalda, en un brazo. Lugares heterogéneos y blanditos a los que poder disfrutar hincando el aguijón.

Pero no.

A mi eso no me pasa.

Para qué vas a comparar un muslito con un ojo. Si es que me lo sé. Que tendría  que dormir protegida. Como esa vez, se me ocurre, en un hotel perdido en un pueblo italiano dónde Dior perdió la alpargata que dormí a pata suelta con las gafas de buceo puestas. ¿Qué? Mucha gente hace buceo, no es tan raro, digo yo. Y lo incómoda que dormí. Y cómo hacen el vacío en la cara, las puñeteras, y en el mar no hay tu tía. Que eficacia, oye. Y qué manera de parecerme a un pez globo al día siguiente. Claro que ahora también me parezco lo suyo, también.

He decidido, no por voluntad propia, ahí el mosquito ha tenido bastante que ver, el desgraciado, el muy insecto, el gran ca…Iriiiiis, que te pierdes, que el polaramine va a ser mi nuevo amigo. Tan redondito, tan blanco, con esa tipografía abrachuchable. A ver si subiéndole la moral baja más rápido. Pero ni con esas.

Porqué voy a ser sincera, ver solo por un ojo es una auténtica castaña. Porqué a mi no me pican los mosquitos normales, no. A mi todos los tigre. Si es que a exótica no me gana nadie. Creo que hasta me salzonan. Eso si, sus problemitas da. En especial si tu casa tiene más estanterías billy que la Biblioteca Nacional. Que si ya con dos ojos no calculaba bien las distancias, ahora menos. Que como esto dure más me veo encargando chichoneras por ebay. Y un casco. Y unas botas de montaña. Y un vestidito monísimo. Vale, esto último es un extra.

Que follón.

La que ha liado solito el mosquito de las narices.

Que a ver, yo no le deseo ningún mal, que el pobre se tiene que alimentar. Pero vamos, que si por esas casualidades, yo que sé, de la vida, lo ha pillado el insecticida ese de ‘los mata bien muertos’, ha caído en picado al inhalarlo y ha acabado estirando el aguijón en una baldosa blanca y fría, pues tampoco me va a dar penica. Yo soy más de darles una palmadita en la espalda, por eso de animarlos, y seguidamente ponerlo en la repisa de la ventana por si hay algún otro que quiera buscarme las cosquillas, chocar los cinco, o en su defecto, que lo aplauda.

Y cosquillas no sé, pero como pica.  Que en el ojo no puedo ponerme antihistamínico. Seguro que lo sabía. Seguro que hasta va equipado con mascarilla anti gas y botella de oxígeno. Y con los accesorios de James Bond. No hay que fiarse, que se las saben todas. Esta noche duermo con escafandra, por eso de prevenir, que a previsora no me gana nadie. Nadie, menos un moquito.

 

el papel estetico de la mujer en los Oscar

Dale un tema a la gente y todo el mundo hablará sobre ello. Hoy al iniciar mi jornada me he encontrado con el boom de los Oscar, celebrados ayer. Todo el mundo habla de lo mismo y seguramente el lector estará pensando que justo en este momento, en este artículo, yo también. Ya comenté en los BAFTA que no haría un escrito sobre los ganadores en los Oscar con la intención de no añadir nieve a una bola cada vez más grande. Así mismo, sí que voy a comentar varias cuestiones que se han dado y que personalmente creo que denigran la imagen de la mujer.

En esta edición se ha creado el hashtag #Askhermore ( o #PregúntaleMás) en la que se instaba a las periodistas a preguntar a las profesionales de la interpretación  sobre algo más que los vestidos y los complementos que llevaban. Una buena iniciativa que espero –ilusa de mí- se lleve a término en la próxima edición. Esto contrasta, de forma más vil, con lo que me he encontrado esta mañana al abrir las noticias: miles de páginas no hacían más que analizar cada uno de los vestidos desde ‘las mejor vestidas’ hasta ‘las peor vestidas’ pasando por toda una serie de gags –ahora se le llaman memes- sin ninguna gracia. Lo preocupante del hecho es que la mayoría de estos medios son lo que se denominan ‘serios’ es decir, que apuestan por una información ‘de calidad’ -aunque por supuesto, esto último sea discutible- mientras se jactan de dar lecciones sobre cómo nos tenemos que vestir las féminas y sobre qué les hubiese quedado mejor a las actrices. Por su parte, miles de blogs se han dedicado a hacer lo mismo, reproduciendo el estereotipo al que los medios han acostumbrado a la población. 

La periodista Sara Hormigo exponía esta mañana que ‘si en 2014 era Cate Blanchett quien reivindicaba los derechos de las mujeres en la meca del cine con una mayor presencia dentro de la industria así como un salario igualitario, Gillian Anderson, la exagente Scully, hacía lo mismo haciendo unas declaraciones que pusieron el problema de la brecha salarial en el ojo del huracán de Hollywood (…) Patricia Arquette, ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto por su papel en Boyhood, aprovechó al máximo, alentada por Jennifer Lopez y Meryl Streep desde el patio de butacas, haciendo las siguientes declaraciones: "A todas las mujeres que han dado a luz, a todos los contribuyentes y ciudadanos de este país, hemos luchado por la igualdad de derechos para todos. Es nuestro momento para exigir igualdad de salarios de una vez por todas en EE.UU". Hormigo aprovechaba el tirón para poner los puntos sobre las íes: ‘solo han sido 9 las películas dirigidas por mujeres nominadas en la historia de estos premios de las que solo Kathryn Bigelow, logró llevarse la estatuilla por su filme, En tierra hostil.’

Por si estos datos no fuesen estremecedores, yo, por mi parte, estoy hasta los ovarios de ver cómo blogs de moda y medios entonan una imagen prototípica de una mujer en lo que ésta debería o no debería hacer exhibiendo como característica casi divina la persecución de una belleza inalcanzable. Pasa lo mismo en la alfombra roja. Con todo ese desfile de personajes nominados a los premios más importantes de la cinematografía, seguro que lo primero que se le ocurre al periodista que los entrevista es un ‘Oye, ¿Qué vestido llevas?’. Para los que –por fortuna o desgracia- practicamos la profesión este hecho es una con vergüenza ajena monumental hacia, por una parte, la profesión y por la otra, hacia el entrevistado. Esto me hace preguntar: ¿De verdad lo que ponen ahí son periodistas? Prefiero no pensar en la degeneración de lo que he escogido que sea mi profesión. Para servidora sería más sustancial hacer preguntas sobre los sentimientos en caliente o sobre cómo ven a sus compañeros en primera instancia, puesto que la emotividad es un factor esencial en unos premios de este calibre, y no sobre el trapo que una lleva puesto. Pero oye, cada cual ejerce su profesión cómo le sale del bolo.

A parte de la enorme falta de profesionalidad que esto conlleva para el periodismo, hay que destacar varias cuestiones que si bien no van implícitas en la pregunta sí se pueden deshilachar. Si a una mujer –digo mujer porqué en los hombres no es tan frecuente, lo que tampoco quiere decir que sea correcto- la única pregunta que se le hace tiene que ver con su aspecto físico, es en si la esencia prototípica de una sociedad patriarcal y machista. No quiero entrar en discusiones feministas sólo exponer el hecho observable de que a la mujer se la sigue viendo más como una floritura decorada que como una profesional. El hecho de que entre mujeres y hombres de les haga diferentes preguntas (mujeres ropa y hombres de tipo trabajo) sustenta la teoría que desde una perspectiva masculina se sigue enfatizando a la mujer como un valor de lo bello, exaltando a ésta como su única cualidad tangible y posicionando al hombre en el papel de lo intelectual. Dicho de otra forma, se olvida por completo sus cualidades sociales, doctas, o personales para caer en la imagen tradicional y estereotipada. Valorar sólo el papel estético del cuerpo cómo único medio para la autorrealización femenina no sólo resulta excluyente y denigrante, sino también es visto como un erróneo potenciador sinónimo de éxito. En esa situación se está presentando el cuerpo de la mujer más como un objeto, como si fuese el envoltorio de un producto de supermercado.

Esta es una forma de promover desde los medios y las bitácoras unas pautas de actuación que hace tiempo que deberían haber sido superadas. Considerar que una forma de actuar es determinante o no según el género de la persona con la que se habla  es en si un estereotipo más que cabría erradicar. Así que, estimado lector/a,  antes de publicar piensa si eso muestra a la mujer como un simple objeto estético o sexual, y si la respuesta es afirmativa, bórralo. Harás un favor a la sociedad.

cincuenta defecaciones de Grey

En realidad en el titular iba a poner 'mierda' pero como se que no queda demasiado bien, lo he sustituido por un sinónimo. Porqué mirad que he rebuscado y rebuscado palabra que se dijese, pero, oye, a los periodistas nos gusta decir las cosas claras y beber chocolate espeso y si no hay otro nombre que encaje y ese nombre es 'mierda', pues se pone. Y a pastar, como las vacas.

Se ve que durante esta semana que he estado off, al mundo le ha dado tiempo de volverse tarumba en modo gilipollón, más de lo que normalmente está, quiero decir. Resulta que se acerca San Valentín, una fecha querida en todo el mundo que ha dado de si a montones de películas, merchandising y otras bufonadas sin sentido (excepto los ositos de peluche, esos molan), como regalar una entrada para la peli que se estrena hoy, día catorce sobre una trilogía con el locuaz argumento de un tío millonario que se dedica a zurrar mujeres cómo si fuesen chorizos de Cantimpalo. ¿Quién no querría un amor así, verdad?

Como empezaba a pensar que el único resquicio de sensatez había sido exterminado, consulté a mis compañeras de aventuras cinéfilas, a mis mosqueteras del periodismo, a la creme de la creme de los pies en el suelo. Así, mediante el tema '¿Es que todo el mundo se ha vuelto completamente gilipollas?' empezó un debate rico en ideas innovadoras sobre la concepción y creación del amor (podéis leer una reflexión sobre los tipos de amor en este artículo, (que tiene sus añitos pero se mantiene como el primer día) y sobre el éxito de esa bazofia literaria que ha comido el melondrio a 3/4 partes del planeta, y que, a gente con un par de dedos de frente, nos produce una sensación a camino entre la urticaria y el echar la pota.

Pero vamos a la cuestión que concierne este artículo: la relación entre una película abusiva con las mujeres y el concepto de amor. Es muy interesante esa ambivalencia, que en principio, y con todas las de la ley son dos palabras antagónicas: abuso-amor. Antagónicas desde un punto de vista ético, moral y humanitario, porqué básicamente no abusas de alguien a quien quieres. Preguntándonos por el éxito y el calado social con dosis de permisividad que ha tenido entre ese mamífero llamado homo sapiens, que como podéis ver en este artículo se podría quedar perfectamente con el homo, el tema quedó abierto.

Pero hay varios hechos que hay que tener en cuenta: sus ventas no son más que un buen trabajo de marketing. Un éxito de la publicidad bien parido. Porqué vender un libro mal escrito y plagiado de un fanfiction de Crepúsculo tiene mérito, no lo niego. Pero no hacerlo una vez, sino tres, y que encima algunos se lo hayan tragado cuál piruleta es un éxito rotundo fruto de un magnífico trabajo de comercialización que a mentes superfluas y bajas ha calado como la Biblia del sexo. Lo peor de todo ello no es que haya sexo o sea o no erótica, eso da igual. Lo preocupante es cuándo esas conductas sexuales se quieren poner en funcionamiento en la vida real. Cuándo el papel de la mujer queda renegado a un simple objeto al que se puede golpear y menospreciar, pero que en realidad vale la pena, porqué después el tío en cuestión te hace regalos caros, te lleva en helicóptero, jet, en globo aerostático, en avioneta, en cohete, en planeador, en ultraliviano y en teleférico (todos suyos eso sí, que sino no tiene gracia) y finalmente a un restaurante pijotero. No hay que confundirlo con la erótica del poder, sino más bien con una forma de justificar una relación tóxica, abusiva y nada saludable. 

Lo peor de todo ello es que no tendremos que aguantar el boom de una película (como si no tuviésemos suficiente con el estercolero literario, también hay derivados de él)  sino de tres. ¡TRES! Tres dosis –que algún necio convertirá en cuatro- en forma de píldora estigmatizada y de justificación machista de un hombre considerado ‘ideal’ que el pobrecillo está traumadísimo, pero oye, puede cambiar. Un tipo de macho alfa que cómo muy bien ha descrito  mi compañera y amiga M.S es ‘un hombre irreal que se aleja de lo común, un hombre seductor y atractivo que sepa manejar la situación y pueda cambiar por amor’. Como pedirle peras a un cactus o a la Virgen del Rocío que baje el paro. Más o menos. Jugar con la ilusión de que gracias a ti las personas puedan cambiar es una idea fútil de la confianza ciega y dañina en la humanidad. Y ‘la confianza ciega en algo o en alguien te llevará a la muerte.’ O a pasarlo fetén. Y  no lo digo yo, sino Bono de U2. Siguiendo con el debate, mi también amiga y compañera F.F abogaba por la clave de su éxito y se hacía cruces: ‘¡Precisamente es eso! Le han dado un boom a una película machista con una trama muy poco convincente. Por otra parte, fomenta el abuso hacia las mujeres y que ello da apego a su ‘inferioridad’, incluso en lo que se refiere a poder adquisitivo –el que tiene la pasta es él-. Estamos en el siglo XXI, pero con esta producción parece que hayamos retrocedido. Y lo peor es que ha tenido y tiene mucho éxito de un público eminentemente femenino, que parece que estén a favor de la subyugación en una producción que confunde amor con el abuso sexual’.  De hecho, creo firmemente que el E.L de la autora es acrónimo de Exterminando la Literatura puesto que a ella le debemos el haber sido la única capaz de llevar la mediocridad de la telebasura en el ámbito literario.  

Añadiendo otra pifiada misógina más, traduciéndolo en improductividad de la literata autora o en cómo la mujer tenga que esperar a que que el hombre le enseñe su propia sexualidad para poder disfrutar de ella. Esa incapacidad de la mujer para conocerse a si misma en la que todavía tenga que depender del sexo masculino, como si ella fuese un juguete. Solo hay que ver el cartel promocional que parece más una violación que una peli en la que prevalezca el romance: él cogiéndola por el cuello y ella con los brazos en alza a modo de entrega y sumisión. ¿Dónde ha quedado la libertad de la mujer para ser ella misma sin depender de nadie más?  ¿Porqué hay una permisión social en estos abusos relatados anteriormente? y es más ¿porqué se valora ese efecto de sumisión hacia el hombre si no los necesitamos ni para tener orgasmos y en un futuro próximo, ni tan siquiera para tener hijos? Claro que el sexo sería menos entretenido…De todas formas, las mujeres deberíamos replantearnos qué tipos de género promueven una sociedad que se autodenomina aperturista. Con todo, me gustaría hacer un llamamiento a todas aquellas personas que están leyendo este artículo a no creerse el estereotipo que nos intentan vender y a compartir, discutir y sobretodo a observar. Observar siempre es la clave. Sólo observa.

 

NOTA: Las citas personales de este texto han sido publicadas con el permiso de sus autores.

My body

Dado las aberraciones que estoy leyendo en internet sobre el caso Zellweger que, como sabréis a estas alturas, se ha hecho una operación de estética que la ha dejado irreconocible, me propongo dejar claras en este artículo unas cuantas ideas. Soy mujer y como tal tengo el derecho y por supuesto también la obligación de inmiscuirme en el tema, o por lo menos remover alguna conciencia adusta que hay, por desgracia, todavía en el mundo.

A las mujeres nos han enseñado que lo somos todo por el físico. Que no importa nada más, y que si importa más vale dejarlo de lado porque todo lo que no depende del cuerpo es insustancial –y nunca mejor dicho- puesto que no se puede ver a ojo humano. Para poner un ejemplo tonto pero efectivo, ayer mismo, repasando las novedades de las bitácoras que sigo me encontré que dos de mis compis bloggeras hablaban de dieta, el mismo día, casi a la misma hora. Dos artículos enteritos sobre cómo adelgazar, qué comer o cómo sentirse bien. Y eso me dio que pensar. Pensar que somos a veces nosotras mismas las más exigentes con nuestro propio cuerpo, las que nos tachamos con un adjetivo: mi cuerpo es…..(tal). Y por supuesto, también somos nosotras mismas las que nos convertimos en cierto modo esclavas de él.

Las mujeres tenemos que empoderarnos contra eso. Las revistas de moda, la publicidad y hasta los medios de comunicación nos dan las directrices de como tiene que ser la mujer ideal. Una mujer ideal, que por consiguiente también es irreal. Veréis, en mi profesión lo que se ve es el maniquí del telenoticias leyendo un telepronter que han redactado otros. Y por supuesto, también las hay en deportes. No importa que no sepan hacer la “O” con un canuto, importa su fachada. Y las revistas de moda –lo pongo de ejemplo porqué más o menos lo domino- nos dan explícitamente lo que debemos ser, cómo debemos comportarnos, qué comer, qué hacer y hasta cómo vestir. La mujer está muy condicionada en estos aspectos y se nos plantea y enseña desde pequeñas que debemos ser el súmmum de la feminidad y que el rosa y el violeta (¡bej!) son nuestro color representativo.

Después de la ebullición que montaron las fotografías de la actriz en internet, no son pocos los que se han puesto manos a la obra, a criticar que “qué mal”, “que no parece ella”,  “que vaya porquería de cirujano”, “que ha perdido todo el esplendor que tenía antes”, “que antes estaba mejor”, criticar, criticar, criticar. Lo bueno es que antes de la operación también se la criticaba porqué “parecía gorda”. Y de eso a echarse las manos a la cabeza, porqué claro, no puede ser que una estrella mediática esté o parezca gorda. ¡Qué aberración! Vamos, a ver. Hay algo que parece que todavía no encaja en la mente de algunos, como por ejemplo que el 80% del cuerpo que tengamos depende básicamente de nuestra herencia genética. Es decir, de nuestros cromosomas. Y si nuestros cromosomas les dicen a las células que tenemos que tener el pecho más alto, más grande, más pequeño…la cara más ancha, más redonda, con más moflete o nariz y que las piernas deben ser más largas, cortas o anchas, eso, eso no está precisamente en nuestra mano decidirlo. Y a ver quién es el guapo que la lleva la contraria a un cromosoma.

El caso que estamos viviendo ahora me recuerda un poco a casos anteriores, sin ir más lejos, la famosísima reforma de la Ley del aborto de Gallardón –que aunque se ha retirado, ahora cobra un sueldo vitalicio que ni Nescafé- , o las fotos filtradas del móvil de famosas. En los tres casos se apela a lo mismo: a la libertad de la mujer de hacer de su cuerpo lo que le dé la real gana, que para eso su cuerpo es suyo.

Si una mujer quiere abortar –¡ni que lo hiciésemos por gusto!- que lo haga, que está en su derecho y nadie tiene el derecho a decidir sobre el cuerpo de otro, básicamente porque siguiendo con el argumento anterior ese cuerpo no es suyo. Si una mujer quiere posar sexy en selfies que ella misma se hace con su móvil, que lo haga, porqué es su cuerpo y es su móvil. Si una mujer quiere operarse, que lo haga porqué su cuerpo es suyo. Y ahí no hay razones que valgan, ni justificaciones. La mayoría de la gente tiende a pedir explicaciones por todo. Un “lo hago porqué me da la gana” debería ser más que suficiente, básicamente porqué a nadie le importa y menos a los cotillas.

No se puede criticar a una mujer por las decisiones que tengan que ver con su estado de ánimo o su cuerpo porqué nadie está en él. Igual que tampoco se critica a un hombre por ellas. Es curioso cómo cambian los parámetros dependiendo del sexo. Dicho esto, aprovecho para agradecer a los académicos de la RAE –que nadie sabe lo que hacen- el esfuerzo por haber quitado del diccionario los apelativos “débil” y “endeble” a la definición de femenino por contra del masculino, que es “varonil” y “enérgico”. Sólo les ha llevado 13 años. Se nota que son un portento de profesionalidad lingüística. Sobre todo teniendo en cuenta que el género no se crea sino que se construye.

Siguiendo con el tema, hay que decir que sólo hace falta entrar en un probador mixto en cualquier tienda de ropa y poner la oreja avizor para detectar cosas como “estoy gorda” entre mujeres o “no tío, tú estás fuerte” entre hombres. Eso ya da una idea a la diferenciación  de género en la que nos encontramos. Mientras que nosotras tenemos que ir: depiladas – axila, ingles, piernas-, con manicura, sin celulitis, arrugas, canas, o cualquier signo que denote un resquicio de  vejez, sin barriga, muslos, granos y con culo prieto. Ellos pueden ir con: barba –ahora se ha puesto muy de moda y algunos sandios lo ven como signo de “masculinidad”, no perdona, es de guarrería que nosotras nos depilamos el triple con cera y eléctrica y no los quejamos-, con barriga cervecera –lo que para nosotras es estar gorda para ellos se denomina “estar fuerte o la curva de la felicidad”-, con pelos –porqué es de muy macho ir en modo Gorila Maguila por el mundo-, con canas –porqué oye, un hombre con canas es la mar de interesante- o con arrugas –porqué es de hombre de mundo, experimentado y eso también lo hace interesante que no veas-.

Así que querida lectora que compartes tiempo conmigo, insto a que hagas con tu cuerpo lo que te de la real, regia y soberana gana, que para eso es tuyo. Y te insto a que:

1) Comas hasta reventar.

2) O no comas si no te da la gana –nótese la ironía-.

3) A que te depiles.

4) O no te depiles si no te viene de gusto.

5) A que te maquilles.

6) O ya si eso no lo hagas.

7) A que dejes de pensar todos los días de tu vida en tu cuerpo o en como te van a ver los demás, porqué a menudo los demás acostumbran a ser gente insultantemente mediocre a los que puedes mandar a plantar un pino tranquilamente y sin acritud.

8) A que digas tacos.

9) O no.

10) A que vistas de rosa, con lazos.

11) O de azul, amarillo, rojo, negro y con camiseta de los Ramones.

12) A que te dejes llevar.

13) A que sonrías siempre.

14) O pongas cara de cabreo permanente por los gilipollas que la vida te pone delante.

15) A que te tomes tiempo para ti y no para los demás.

A que hagas contigo misma lo que quieras. Que para eso, tu cuerpo es tuyo.

Mundo perruno. Y cada vez más. Yendo a pasear por cualquier sitio te los encuentras: te encuentras sus defecaciones en el suelo –quién tenga un poco más de suerte en el zapato-, los pelos en la ropa, los ladridos por el vecindario y ahora, por si no invadiesen bastante- en centros comerciales, metros, farmacias y centros de alimentación.
Tal hecho da a entender que o el ser humano –Homo palurdus, en más de una ocasiónha perdido el oremus o las fronteras entre el sitio del animal y el de la “persona” han sido totalmente desdibujados, y consecuentemente aceptados como normales en la sociedad.
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El caso más bestia lo conocí hará ya unos cuantos añitos, cuando por esas cosas de la vida llega a mis oídos que una señora alimenta a su hijo con bocata de mortadela y a su perro con jamón de york extrafino. Lo que en un principio puede parecer un hecho surrealista, es en mayor o menor medida la situación que estamos viviendo actualmente. No existe una línea, no existe un diferenciación en una sociedad rica en el que al mejor amigo del hombre (discutible, por supuesto) se le deja dormir encima de la cama, sentar en la mesa, se le trate mejor que a los hijos y se le deje pasear por dónde le de la gana, aunque estas sean tiendas de ropa, de comestibles o simplemente, centros de distribución de medicamentos sanitarios. Los perros no están prohibidos en ningún sitio –a excepción de centros de salud, evidentemente-. Dónde va el humano, va el perro, lo que resulta totalmente inversemblante mientras se mantiene la fútil pero eficiente excusa de que “no molestan a nadie”. A nadie menos a mí. Y supongo que a un grupo de personas que no se atreven a decirlo en voz alta, aunque lo piensen. Y pobre del pobre individuo que insinúe algo así como un “¿puede sujetarlo cerca de usted, que es como debería permanecer?” O que en la cara se dibuje una mueca de asco primero para el dueño, luego para el perro. No deja de ser irónico que alguien que confunde la naturaleza de dos especies se atreva a dar lecciones a otros de lo que es el amor a los animales, o simplemente a tachar directamente al prójimo de maltratador in extremis o de insensible con la naturaleza. No amigo mío. No es así. Se siguen confundiendo los términos. Me encantan los animales, he tenido, tengo y tendré animales pluscuamperfectos. Nunca repito los nombres de aquellos a los que pierdo y los presentes viven felices, sanos y llenos de amor, con cada movimiento, cada gesto. En mis años he tenido la inmensa suerte de aprender de ellos gracias a la inagotable compañía de perros, gallinas, canarios, gatos, tortugas, peces, patos y –actualmente- loros.
No lo puedo evitar, ni lo deseo. Me gusta cualquier animal –tiburones de arrecife, cocodrilos, pandas, elefantes blancos y negros y de cualquier color, ballenas, linces o tortugas marinas- que no tenga que ver con la especie humana. El Homo palurdus, rey de la sociedad de aneuronales. Todavía me cuesta creer que alguien que tacha a los demás  y a primera vista, que no juzga sino sus acciones y el porqué de ellas pueda alardear del término “maltratador” a alguien que le pone mala cara cuando, por ejemplo, su bicho acaba de defecar en medio del suelo de un gran centro comercial y para colmo, ha tenido la fortuna de pisarlo. A esos Homo perrunus no los saques del perro, porqué las otras especies les va a sonar a chino.
Visto lo visto, como nadie dice nada y esto tiene más parecido a una república bananera que a una populari societate he decidido sacar a mi Fluffy a pasear por el centro comercial y por dónde a él le salga de las patas. A ver si me dicen algo. La primera en acercarse ha sido una señora teñida de rubio oxigenado y extra de UVA solar con un Silky Terrier atado con una correa rosa. Fluffy evidentemente fue a saludar –tengo un bichito muy educado-. La señora empezó a gritar como una loca berreando con las amígalas en la campanilla que “Fluffy se había comido a su Bambi”. ¡Pero mira que hay que ser inculto! No señora, no se lo ha comido, lo ha engullido.
A veces le pasa. Va flojín de nutrientes y si encuentra un tentempié se lo lleva a la boca. Con el jolgorio que se montó, vino el guardia de seguridad –uno de ellos- que empezó a soltar que ese “bicho” (sí, así de despreciativo fue) no podía entrar ahí, que era peligroso. Yo le conté que mueren cada año más personas por ataques de perro que, por ejemplo, de tiburón. La diferencia es que no nos comemos –ni cazamos- a los perros. Y que sin embargo a los canis si que no había ningún problema para que los dejasen pasar. Él insistió en llamar a no sé quién. La cuestión es que a Fluffy , que aunque sea animalito lo entiende todo, no le gustó un pelo el comentario y le arreó un mordisco en la pierna, para posteriormente zampárselo de un bocado. Le dije que lo escupiese, que no estaba bien, que nos delatarían igual y que para colmo me vaciaría el bote de sales Eno. Y mira que se lo dije. “No comas basura, que te sentará mal”. Pero él nada, va de independiente. A ver como lo llevo yo ahora de vuelta a casa.

Nota: Fluffy es un Caimán crocodilus de 2’5 metros.
Fuente imagen

Fratelli Karida 1Parece mentira lo que llega a ver una en la vida simplemente paseando. Y esto no es cosa de ir a la moda, de seguir las tendencias, de ser súperchuli o megafashionguai. Aunque también se les puede echar parte de la culpa, también. Y si nos ponemos tontos, toda ella. Pero estas cosas se eximen de toda lógica. Toda la lógica que se puede tener al pensar que ponerse un calzado que cubre todo el pie por encima del tobillo a 40 grados de temperatura puede ser una buena idea.

“Botas de verano para los días de calor”. Esto tiene el mismo sentido que ir a una sauna y sólo meter las extremidades inferiores para que se asen. Pero claro, esto no tiene nada de válido sin una rigurosa y precisa prueba científica. Sí, porqué en este mundo nada se prueba si no es con la ciencia, así que hagamos la prueba científica: meted un queso roquefort en una bolsa de plástico y dejadlo en la terraza durante dos horas. Después abrid la bolsa. ¿A qué huele? Pues eso.

¿No os ha pasado alguna vez de ir en metro o tren y encontrarte que el tipo que tienes al lado se acaba de sacar las bambas y todo el vagón acaba oliendo a perfume de pinrel concentrado? Lo puedes hasta saborear. Y eso que sólo son bambas. Imaginad con las botas. Que eso no se disimula ni remojándolos con Nenuco.

Pero lo peor no es el tren. No. Lo peor son los probadores. Sí, esa agradable sensación de meterte en un probador y de repente oler a una mezcla de sudor con algo que recuerda a queso de cabra curado, pero que sabes que no lo es porqué ya los has olido antes y sabes perfectamente que el queso curado de cabra huele mucho mejor. Y salir pitando del probador porqué el olor es nauseabundo y te dan ganas de echar la pota ahí en medio, al ladito mismo del espejo. Pues eso, eso. A eso me refiero. Pero multiplicado. Y no me vale la excusa que ponen para venderlas eso de “es que están hechas con una tela especial, menos gruesa que no da tanto calor”. ¡Y un mojón de caballo! Que eso no se lo cree nadie. Aunque creo que habrá gente que sí, por eso lo llevan y…nada, que me lío.

Es una contradicción en si misma. Y lo mejor de toda la pantomima es que las han hecho con agujeros. Como oís. ¿Qué se debe suponer en este caso? ¿Qué es una bota alardeando de sandalia? ¿Qué a la sandalia se le ha ido un tornillo al garete y ahora de cree bota? ¿Qué sandalia y bota tienen un conflicto interno de personalidad entre quedarse sandalia o establecerse de una vez por todas tipo bota, en plan Shrek? ¿O que simplemente tienen un carácter bipolar y no saben como salir del atolladero? Pensándolo bien, es un dilema muy gordo. Pero para gorda, gorda la ampolla que se hace en el pie.

Eso, no es una ampolla. Eso es un globo aerostático en toda regla. Si lo hinchas un poco más, seguro que puedes volar. Hay quien hasta se las pone de plástico, lo que no permite que el pie transpire y que la bacteria Micrococcus sedentarius se reproduzca más alegremente de lo normal. Porqué si, es una bacteria, bueno más bien la caca de la bacteria lo que produce el olor de pies. Y como los bichos viven en colonias y son la mar de majetes y cooperativos se invitan los unos a los otros a compartir el manjar. Concretamente la piel muerta, los aceites que segregamos de forma natural y sí, tragan que no veas. Ya lo dice el nombre: sedentarius, es decir, que al bicho no le gusta hacer mudanzas y que la puedes ir haciendo espacio en el sofá que se va a quedar mirando la TDT contigo in saecula saeculorum.

La parte buena es que siempre los podéis invitar a unas gambas, a una tortilla de patatas o a un gazpacho. Compañía no faltará, no. Eso sí, avisad de que traigan por lo menos vino y postre o no llegaréis a final de mes.

 

Imagen original: Fratelli Karida. Montaje: Hydre Lana

FlashParece ser que la humanidad, así en general, tiene mal ojo puntero. Vamos, que eso que se llama distancia no es que lo calculemos con demasiada exactitud. Sólo hay que ver la prosaica y auditiva forma de aparcar los coches. Si el ser humano es imprevisible debe tener esa función escondida debajo de algún cromosoma o de algún núcleo de célula. Poco no, lo siguiente. Porqué decidme ¿Cómo te vas a encontrar un váter público? Lo sabes ya antes de entrar. Porqué ¿Cómo te vas a encontrar el coche la mañana siguiente? También lo sabes, también. Y a quién pincharás la rueda por el pedazo de rayote. Eso también, claro que sí.

Pues eso, que los humanos tienen la misma capacidad improvisativa que un chipirón al vapor. ¿Y todo esto a qué viene? Pues viene que deberían los del Comité Olímpico considerar el entrar en un váter público un deporte de riesgo. Pero no de riesgo y ya está, no. De riesgo extremo, que si se hace, que se haga bien, oigan, cómo el jamón ibérico.

De hecho, se pasa un mal rato. Pero malo, malo. Es como la casa de Freddy Krueger pero como si Freddy Krueger se hubiese puesto una mascarilla de pepino y saliera a recibirte con rizos rosas en el cogote y ¿porqué no? lo acompañase un vampiro de Crepúsculo, y lo que es peor, Carmen de Mairena. Un horror de los horrores. Uno cierra la puerta tras de si pensando que va a salir de ahí después de evacuar airosamente. Pues no. Ni de guasa. Ahí te quedas. Encerrado. Pero esto no es lo peor, no. Lo peor es como te lo encuentras al entrar. En lo que se llama “inspección rápida” . En otras palabras, si hay pi o po en cualquier sitio circundante que no sea el excusado. Esto incluye taza y alrededores, que conste. Que o todo está en su sitio o no está. Una vez realizada la ronda de inspección es propenso en el ser humano pensar que está a salvo. Si es así, que siga pensándolo alegremente mientras no suba la tapadera que cubre el alrededor de la taza, que siga. Será más feliz, os lo digo. Pero…¿y si cuándo acabas te das cuenta que no hay papel? ¡Ajá! No podía ser todo bonito, perfecto y espléndido.

El papel higiénico, ese maravilloso y suave compuesto de celulosa del que han tenido la bondad de dejarte sólo el rollo para que lo recuerdes con cariño. No voy a entrar en como resolver el problema porqué ya si eso lo dejo más bien a la concurrida imaginación que cada uno posea para salir de tal achaque.

Y entonces te levantas. Y entonces, te das cuenta que la cadena no traga. Ni un riachuelo sale. Nada. Seco. Cuál desierto del Gobi. Que está bastante (muy mucho) fuera de servicio. Y que a no ser que tengas un cubo de agua por ahí cerca –cosa que dudo- vas a salir de ahí con cara de disimulo y un “no me mires, que no he sido yo y esto me lo he encontrado así” antes de que entre alguien. Pero claro, para eso hay que salir y una de dos: o el cerrojo no cierra, o se abre pa’ el otro lado y le has estado dando al manubrio al revés como un idiota o está tan ruinoso que te ha costado cerrar y los vas a flipar para poderlo abrir o simplemente, que no hay cerrojo y se lo ha comido el gato. Porqué si ¿a quién no han pillado alguna vez de lleno en plena llamada de la naturaleza? Después está la gente que ve una puerta cerrada y se tira encima como si no hubiese un mañana. En fin, que si consigues salir a salvo por fin, sin nadie merodeando alrededor de la Mordor, e ir tranquilamente al frío chorro del lavamanos lo tienes claro. Porqué el chorro de manos irá, eso seguro, pero del jabón olvídate que es como la crema de manos o los tampones: nunca están cuándo los necesitas.

Y eso sí, es una real putada. Sin abdicar.

 

Iba tarde y abrí la contracubierta para cerciorarme. Romain Puértolas. Puértolas, bien, apellido español. Leo un poco de su biografía resumida que le ha puesto la editorial: “de origen franco-español”. Bien, bien. Miro la hora, me meto cómo un rayo en la ducha, me enjuago cómo si hubiesen pirañas dentro, me pongo los tejanos, el jersey rosa y le echo una bronca a la melena por no desenredarse como debería, pongo el secador al máximo. Al acabar cojo la chaqueta, me miro por última vez al espejo y ¡mierda! Voy a hacerme la raya del ojo, me paso y parezco un panda. Un panda molón, pero un panda al fin y al cabo. Me da igual y salgo escopeteada cómo si me persiguiese hacienda y le doy a las patas con un garbo nada inusual.

Mi amiga y yo habíamos quedado para llegar con tiempo de sobras. Y llegar llegamos, vamos que el metro de la verde funciona estupendamente, lo que deja que desear es el maps. Tal cual y por esa razón pasamos de ponerlo y nos guiamos con una captura de pantalla que ponía 10 minutitos de nada hasta el Instituto Francés. Con esa gracia natural que tiene mi amiga para preguntar a quién se le cruce – y que yo no dejo de admirar- llegamos cuarenta minutos después. Pero llegamos, y sanas y salvas al Instituto Francés dónde se presentaba el libro de El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea.

-Bonjour. –nos saludó la bibliotecaria-

Automáticamente nos miramos.

-Hola, buenas tardes. –respondimos al unísono-

Ya hacía rato que había empezado. Vimos dos hombres sentados frente una mesa rectangular con gente sentada al rededor y hablando éste en francés. Bueno, por lo menos, el hombre se ha traído traductor – supusimos que era el hombre de su derecha- y supusimos mal porqué el hombre en cuestión también hablaba en francés y era el que hacía las preguntas. Chupisúperfantásticamente apoltronamos las posaderas en dos sillas y decidimos quedarnos a ver si cogíamos algo al vuelo. Pero claro, la fonética del francés no es lo mismo leída que hablada. Que leída se entiende mínimamente, pero entender el idioma hablado ya es otro percal. Y un percal que requiere un gran esfuerzo de concentración visual-auditiva-referencial. Y un par de ovarios, que por suerte tenemos, aussi.

A la media hora ya había desconectado y me puse a observar a los demás. Así que apuntad este DIY, que es perfecto para todo profesional de la comunicación y todo actor que se precie. O para fardar, que también sirve, también.

Sin título

Cómo hacer que entiendes una conferencia en otro idioma sin entender nada y que no se note

1) Asiente con la cabeza de vez en cuando.

2) Ríe cuándo otros rían.

3) Frunce el ceño, como si lo que dijese el conferenciante en cuestión fuese interesante y te suscitase un intenso barrenar cerebral.

4) Pon la espalda recta y adopta una postura con humos, cómo si dominases el idioma de toda la vida de Dior y los otros fuesen unos incompetentes.

5) Si hace falta – y éste es el punto clave-  saca una libretita y apunta algo. Aunque sea “en un pueblo de la Mancha vivía un joven hidalgo que…”. Eso le dará credibilidad al tema. Yo por ejemplo, me dediqué a escribir este post y coló.

6) Ves mirando al que tengas al lado –nunca falla- e imita su postura y quehacer. Y si falla, siempre le puedes echar a él las culpas.

7) Pon cara de atención. Si al que habla se le escapa la risilla… ¡No te lo plantees! Es que debe ser gracioso. Así que al turrón, y a enseñar los piños cómo si no hubiese mañana.

8) Estira las piernas de vez en cuando, eso dará la sensación que estás relajado con la conferencia en cuestión aunque a tu barriga le estén dando ganas de salir pitando hacia la toilette.

En fin, y ya está. En el sitio habían nombreuses personnes y me juego una paella con gambas a que no todos sabían francés. La verdad es que creo que no había visto tanta gente raruna dans ma vie. Una señora con turbante, un tipo – concretamente el que tenía delante- que al mínimo ruidito se giraba con la face désagréable y malas pulgas. Otra señora, que no dejaba de apuntar en una libretita, igual que yo, pero fijo que sin pasarle la brillante idea por la cabeza de actualizar blogger….

Todo hasta dónde llega mi buena perspectiva entre las columnas de la biblioteca. Que por cierto, cómo me queda tiempo y espacio, decir que el hombre que hacía las preguntas se enrollaba más que una persiana, vamos lo típico, introducciones más largas que la propia pregunta. Como no hice foto ni nada, os diré que el autor iba vestido con una camisa de algodón blanca, tejanos, bambas amarillas Kelme, americana y una chaquetilla de punto en forma de pico con botones negros.

Y recordad, lectores míos…  si a mi me funcionó durante dos horas -y por eso lo comparto- , a vosotros fijo que también.

Un besote y nos leemos prontoooooo!!! ♥

Nadie piensa en nosotras, eso está claro. Eso sí, somos las más mejores en lo que a repostería se refiere. Sólo recordar el glaseado que cubría a mi tío, Campurriano. Una masa al horno con clase, con glamour, que fue tristemente ingerido por una paloma. Pero no hablemos de desgracias. Hablemos de otros temas, como por ejemplo lo mal que me can las de avena, o lo creído que se lo tienen los barquillos, por eso, sólo por ser barquillos. Claro, como ellos tienen dos capas...

Mi mejor amiga, la Digestiva (aunque su nombre real era Intestinal Integral) decía siempre que los mejores mozos son los brioches. No lo niego, no. Pero para mi gusto, son demasiado blandengues y tienen la miga muy fina. El otro día, sin ir más lejos, Tableta de Chocolate 70% y Colorante Alimentario Rojo accedieron a una representación teatral. Mientras Tableta de Chocolate 70% decía sus líneas de Homelet a un efusivo público gastronómico (los críticos Sal y Aceite de Oliva Virgen estaban en primera estantería), Brioiche tropezó con la espátula cayendo encima de Colorante Alimentario Rojo y juntos se despeñaron hacia el molde con forma de osito. Chocolate 70% en un intento frustrado de rescate resbaló y acabó también en el bol. Pro acabó bien. Ahora todos viven mezclados-que no agitados- siendo un bonito popcake  rosa.

Yo, como galleta de chocolate que soy, me asaltó la duda de si acabaría así, troceada como decoración de cupcake, ingerida por una paloma -o lo que es peor-zampada por un crío. Básicamente porqué hablar con los ácidos intestinales no se me daría nada bien, seguro. Hacen plop, plop de una manera bastante desagradable y son incapaces de hablar sobre temas relevantes como la retrospectiva pictórica de Klein o la geometría tubular de los Kebab. Es por eso que pido efusivamente en esta carta que se nos reconozca el derecho a no ser vistos únicamente como ingesta alimentaria, sino también como fuente de felicidad. Porqué si nos peleamos con los jugos gástricos, que por lo menos sirva para algo.

Atentamente,

Miss Fontaneda  

 

 

 

InterpernalImagen extraída del artículo “How sit like an Alpha” del blog  Soletopia

En el tren, una se encuentra de todo, oigan. Todos los especímenes de humanos habidos o por haber, lo que mirándolo de forma positivamente práctica es un buen lugar de observación social. Uno de los hechos que aún me mantienen del todo intrigada es la predisposición de cada uno de los portadores de testosterona a fardar de muslamen, apoyando el trasero en silla y con postura pernal en modo rana. Supongo que tendrán la imagen mental en la cabeza. No la borren, todavía.

Pues bien,  piénsese que no puede empeorar que esta exhibición marca-flautín tiene suficiente en la tesitura del anfibio acuático. Pues no. Ni de coña, vamos. Atiéndase la extremidad –cualquiera de las dos- rascando el interpernal, o asegurándose que en un descuido no se hayan perdido, súmmum de la desgracia, que hay que ser previsores y no vaya a ser que tengan que iniciar búsqueda por los tres vagones que conforman el aburritrenómentro. De un imperdible interés para la prolongación y permanencia del carnet de  padre hasta los 70 tacos, es de vital importancia cerciorarse que no hayan cogido el camino de Santiago. No les haría ninguna gracia. A ellos. Porqué lo que es a mi…

Resulta tendenciosa la manera de medir. Kilómetros, millas, pulgadas, metros, kilos, segundos, decas, hectos, megas, gigas, petas, exas, zettas, nanos, picos, femtos, doctos... conciben la estructura básica matemática que se inicia como proceso para poder entender la realidad. Cuanto menos compleja, a la par que sustentada por el paradigma político de lo científicamente demostrable, se rige el entendimiento construido sobre esta base estándar infranqueable.

Allá por el año 1452 en una pequeña villa de Italia campaba a sus anchas un muchachito interesado en el discernimiento de cualquier ser vivo que se cruzase en su camino. Un arquetipo de ciencia que conformaría una década más tarde al que hoy en día se le sigue llamando genio. Rigiéndose por las leyes de la medición estableció, alrededor de 1490 la ley de la proporción en el cuerpo humano: un hombre, un círculo y un cuadrado realizado a partir de los textos de arquitectita que dejó el romano Vitruvio. El dibujo, considerado símbolo de la simetría del cuerpo humano y por ende, de los demás patrones constructivos, irguió un nuevo modo de entender el arte, un todo que desemboca en una concepción cultural mantenida hasta ahora. “El placer más grande es la alegría de la comprensión” afirmó una vez el inconstante pintor, que se sorprendería de la benevolencia del cuerpo del siglo XXI, sino más de su inconexa ropa absente de diligencia simétrica.

No cabe en el raciocinio humano la estructura métrica del ropaje de fabricación industrial. Tampoco están en la lista los patrones que tendrían que estabilizar las consecuencias de tal aberración. Un bluyín, por ejemplo, debería en tiempos modernos ser una prenda fácil de encontrar, fácil de adaptarse. Da Vinci querría experimentar con ellos. Haría cola y entraría en el probador convencido que tal inventiva de tejido debería formar parte de un método de tortura sofisticadamente moderno. Al meter la pata en la pernera no le cabría el pie y tendría que tirar fuerte hacia arriba intentando disminuir la inflación de la barriga para evitar que el botón saltase por los aires, acabando finalmente harto del susodicho elemento y mandándolo a posteriori a tomar viento. Una inquisición moderna, sin fogatas pero con apretujeo de gemelos, pensaría. ¡Un lechín para bluyín!

Hace unos días, haciendo zapping me encontré de bruces con un reportaje en la TV autonómica con el título de "¿Porqué nos cuesta aprender inglés?". Lo que demuestra a priori dos conclusiones: 1) El periodismo al igual que los medios de comunicación van cuesta abajo y sin frenos. 2) Espero que se estrellen contra la pared más próxima. Hacer este tipo de emisión en prime time tiene condena.
No me quedé a verlo ya que poco interés me suscita el tema en cuestión. Pero sí que me dio para dos cosas buenas como hacer un post o suscitarme a la reflexión a la una de la madrugada.

No es el primero, y tengo mis dudas que sea el último que emitan, en tal o mas quál mass media. Un machaque consiente en el que hacen lo mejor que saben hacer, carente con evidencia de cualquier valor social que se le pruda atribuir. Primero fue el plan Boloña. Tragamos. Principalmente por querer una formación, aunque la mayoría sabemos que lo máximo a lo que espiraremos las generaciones venideras será a barrer el Pizza Hut. Si hay que aprender un idioma se aprende. Pero no en clase. Método específico magistral y aburrido. Se ha de aprender en el campo de batalla. En el que para pedir unos tomates tengas que comunicarte si o sí. Esa es la esencia de aprender una lengua. Ya que difícilmente se puede aprender algo si se ignora su cultura o sus gentes.

Punto y aparte en el fracasado sistema educacional del que dispone España está la otra cuestión transcendental de la que no se habla. La imposición. No dan opción a escoger la que una más le convenga, la que más aprecie o la que más útil le resulte. Ha de ser esa. Debe ser esa. A título personal, constato que con métodos impuestos no se consigue favorecer un objetivo. Es más, lo que se está haciendo es instar a la población a cerrarse en banda. ¿Porqué hay que aprender un idioma? Porqué si. En el "reportaje" (entre comillas, que no llega a más) se contaba que las empresas buscan trabajadores con dominio alto de inglés. Repito: las empresas. Las mismas que pagan 600 euros al mes. O 1000 si uno es afortunado. La razón es que en un mundo globalizado se constata el inglés como lengua por hegemonía. Detalle que tampoco entiendo, ya que sería hegemónicamente lógico por ese mismo pretexto deberíamos aprender chino mandarín, que a fin de cuentas, si que es el idioma más hablado. Vamos, because I said so.